daniel 3-4

Día 254. Libro 27.

Daniel 3

  1. Observemos el capítulo anterior.

Allí vemos a Nabucodonosor diciendo: «Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios» y en este capítulo lo vemos haciéndose una estatua de oro ante la cual todos los pueblos, naciones y lenguas, debían postrarse y adorarla. Recordemos Santiago 1:8.

  • Dice Nabucodonosor: ¿Y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

Observemos su prepotencia, porque Jehová es el único Dios verdadero y eterno.

  • Nabucodonosor tuvo que reconocer al Dios del cielo.

«Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.» Verso 28.

Observemos que la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego para echarlos al horno de fuego

Daniel 4

  1. Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.

Esto me conviene porque ese es el propósito de mi vida. ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación.

  • Acepta mi consejo.

Tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad. ¿Hemos restituido al agraviado?

  • La sentencia.

El reino ha sido quitado de ti. De entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti. Observemos cómo el pecado conlleva a la locura.

  • El objetivo de la sentencia.
  • Verso 17.  «…para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres».

¿Hemos entendido esto? Nabucodonosor no lo entendió.  Aun cuando el Señor se lo advirtió y Daniel interpretó la visión, Nabucodonosor fue soberbio y duro de corazón, por lo tanto la sentencia se cumplió sobre él. En lugar de asumirlo, se mantuvo en la senda de la soberbia y no redimió sus pecados, no hizo misericordia con los oprimidos y no reconoció que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, sino que dijo: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?»

  • La magnífica misericordia del Señor.

Le fue devuelta la razón a Nabucodonosor y pudo reconocer que: Él andaba caminando en la senda de la soberbia. El dominio del Señor es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada. El hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra. No hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

Oremos

Padre queremos seguir el consejo de tu Palabra y hacer misericordias con los oprimidos. Reconocemos que tú gobiernas el reino de los hombres y a quien tú quieres lo das. Todas tus obras son verdad y tus caminos justos. Tú puedes humillar a los que andan con soberbia.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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