Día 167. Libro 19.
Observemos como estos cinco Salmos, nos ubican perfectamente en el reino inconmovible. Todo el libro, toda la Biblia, toda la obra de Cristo, todo apunta hacia la voluntad de Dios: que todas las cosas sean reunidas en Cristo Jesús, para que El sea exaltado y tenga la preeminencia en todo, de tal forma que su Palabra se cumpla. Para lograr entrar en ese propósito eterno de Dios, expresado en la suma de la Palabra, nosotros necesitamos ser santificados y renovados en nuestra mente. Sólo poniendo los ojos en el reino de los cielos, podemos entender lo eterno. Oremos para que sea roto el velo que nos impide ver, oír y entender lo que sucede en los cielos. Pongamos la mirada en las cosas que no se ven, porque las que se ven son pasajeras. Oremos unos por otros para que la lectura del libro de los Salmos nos haga pensar como Cristo.
Salmos 48
• Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado.
• La verdadera alabanza es en los cielos.
• Por eso el Señor sólo busca adoradores en espíritu y en verdad.
• La verdadera alabanza es aquella que se hace conforme a su Palabra.
• Nos acordamos de tu misericordia.
- En medio de tu templo nos acordaremos de tu Palabra.
• Como lo oímos, así lo hemos visto.
- Como lo oímos, en tu Palabra, así lo hemos visto en el reino inconmovible.
- La verdadera ciudad de Jehová de los ejércitos, la ciudad de nuestro Dios, es La Jerusalén celestial, no la terrenal.
- La afirmará Dios para siempre: la afirmará y edificará con su Palabra.
• Se alegrará el monte de Sion.
Se gozarán las hijas de Judá por tus juicios.
Nuestra alegría y nuestro gozo es por su Palabra.
Por el cumplimiento de sus juicios en Cristo Jesús.
• Consideremos atentamente su salvación.
Verso 13. “Considerad atentamente su antemuro, Mirad sus palacios; Para que lo contéis a la generación venidera.”
Isaías 26:1. «En aquel día cantarán este cántico en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos; salvación puso Dios por muros y antemuro.»
Salmos 49
Escuchen esta Palabra pueblos todos.
Los plebeyos y los nobles, los ricos y los pobres.
Abran su corazón que les voy a enseñar. Abran sus oídos espirituales. Abran sus ojos para que vean la verdad. Entiendan, estén atentos, estén apercibidos. Inclínense: sean humildes para aprender. Dejen su propia manera de pensar porque voy a enseñarles.
Quiero revelarles mi pensamiento. La sabiduría eterna de la Palabra será expuesta, estén atentos. La boca de Dios hablará inteligencia. Declarará los enigmas por su Palabra.No teman a la adversidad ni a la prosperidad de sus opresores. No temas cuando aumenta la gloria del impío. Pongan su mirada en mí. Cuando la maldad y los opresores los rodeen, vuelvan su mirada a mi Palabra. No pongan su mirada en las cosas de este mundo, no confíen en lo terrenal. Todo puede perecer, riquezas, honra y nuestro cuerpo. Pero los enemigos no tienen el poder de hacernos perecer eternamente. Solamente YO soy su salvador. La redención de sus vidas ha sido pagada con un gran precio: su sangre preciosa. El Señor Jesucristo nos ha redimido y ha pagado nuestro rescate, el cual le costó gran precio. Ninguna opresión humana y terrenal, ningún padecimiento de este mundo, se compara con el precio que el Señor pagó por nuestra salvación. Él redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo. Gracias a su obra nunca veremos corrupción. El malo. Se considera dichoso porque prospera y recibe honras y loores. El malo tiene su mirada en lo movible. Confía en sus bienes y se jacta de sus riquezas, pero todo lo que tiene perecerá. No entiende la Palabra. Es semejante a las bestias. Su camino es locura. Sin embargo sus descendientes se complacen en sus dichos y se complacen en sus glorias terrenales. Si no se arrepiente, su alma perecerá para siempre, nunca más verá la luz.
Salmos 50
El Dios de Dioses ha hablado y ha resplandecido.
El que es la perfección de la hermosura ha hablado.
Entendamos ahora esto, no sea que nos despedace, y no haya quien nos libre. Los cielos han declarado su justicia. Él es el juez. Ha hablado desde el nacimiento del sol hasta donde se pone y no callará. Ha convocado a los cielos de arriba y a la tierra para juzgar y reprender a su pueblo, los que hicieron pacto con Él, pacto basado en el sacrificio de Cristo. Fuego consumirá delante de Él.
No nos reprenderá por nuestros holocaustos y nuestros sacrificios, que están siempre delante de Él. Sin embargo Él no los necesita porque suyo es el mundo y su plenitud. El único sacrificio que le alaba verdaderamente es la obediencia a su Palabra. Cuando esto suceda, entonces le invocaremos y Él nos librará.Entended lo que dijo Dios a su pueblo desobediente. ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes? No tomes mi pacto en tu boca, porque tu aborreces la corrección de mi Palabra y la echas tras tus espaldas. Ustedes se olvidan de mí. Tú también eres ladrón, adúltero y mentiroso. Tu lengua compone engaño, hablas contra tu hermano. Piensas que soy igual que tú. Pero te reprenderé y te pondré delante tu pecado. Si no entiendes esto y te arrepientes, entonces no habrá quien te libre del castigo destructor. El verdadero arrepentimiento. Significa entender esto que el Señor está diciendo en su Palabra. Reconocer nuestra desobediencia, confesar al Señor nuestros pecados, dejar el robo, el adulterio espiritual, la mentira, el odio y cambiar de rumbo para obedecer y ordenar nuestra vida conforme a su Palabra. Sólo a los que obedecen la Palabra, se les mostrará la salvación del Señor.
Salmos 51
Ten piedad de mí.
Conforme a tu gran misericordia y a la multitud de tus piedades, borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado.
Yo reconozco mis rebeliones, mi pecado está siempre delante de mí.
Purifícame y lávame.
Edifícanos Señor.Los sacrificios verdaderos que Dios desea. Nuestro espíritu quebrantado. Un corazón contrito y humillado. La obediencia a su Palabra. Tengamos presente esto. El pecado conduce a la pérdida del gozo de la salvación y de la presencia del Espíritu Santo. ¿Qué debemos hacer para ser restaurados por el Señor? Arrepentirnos y confesar. Reconocer nuestras rebeliones y nuestro pecado, conforme a su palabra, e implorar que el Señor borre todas nuestras maldades. Implorar comprender su sabiduría. Obedecer su Palabra. Los frutos de ser restaurados por la Palabra. Comprensión de la sabiduría de la Palabra. Purificación, limpieza de corazón. El gozo de la salvación y sanidad. La presencia de su Santo Espíritu en nosotros y la renovación de un espíritu recto. Un espíritu noble que nos sustenta. Podremos enseñar a los transgresores sus caminos y los pecadores se convertirán a Él. Seremos librados de homicidios. Cantaremos su justicia, publicaremos su alabanza y seremos agradables al Señor.
Salmos 52
Observemos al que endurece su corazón y no se vuelve de su maldad.
Agravios maquina su lengua.
Como navaja afilada hace engaño.
Ama el mal más que el bien.
Ama la mentira más que la verdad.
Ama toda suerte de palabras perniciosas.
Tiene una engañosa lengua.
No pone a Dios por su fortaleza, confía en la multitud de sus riquezas.
Se jacta y se mantiene en su maldad.
Finalmente Dios lo destruirá para siempre, lo asolará y lo arrancará de su morada, lo desarraigará de la tierra de los vivientes. El olivo verde en la casa de Dios es nuestro amado Salvador. Jeremías 11:16. “Olivo verde, hermoso en su fruto y en su parecer, llamó Jehová tu nombre. A la voz de recio estrépito hizo encender fuego sobre él, y quebraron sus ramas.” Lo dijo el mismo Señor Jesucristo en Lucas 23:31. “Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?”
Oremos.
Tu eres nuestro Dios eternamente y para siempre. Gracias porque nos guiarás más allá de la muerte.
Me arrepiento por no obedecerte Señor y clamo a ti. Confieso mis rebeliones y mi pecado.
Solo contra ti he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos. Lávame más y más de mi maldad. Límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones y mi pecado está siempre delante de mí.
Te imploro que borres todas mis maldades y limpies mi conciencia de obras muertas, purifícame.
Imploro comprender tu sabiduría. Enséñame a poner la mirada en lo inconmovible y quitarla de lo movible.
Crea en mí Dios, un corazón limpio. Renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti. No quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.
Abre mis labios para publicar tu alabanza.
Te alabo porque eres justo en tu Palabra. Gracias porque tus juicios son puros. Gracias por salvarme de la condenación eterna. Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así; Y esperaré en tu nombre.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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