Día 330. Libro 46
1 Corintios 1
- Por la fidelidad de Dios fuimos llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.
- Para ser irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.
- Fuimos enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia.
- El testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en nosotros.
- Nada nos falta en ningún don. Él nos confirmará hasta el fin.
- La verdadera unidad del cuerpo de Cristo.
- Hablar todos una misma cosa: la Palabra de Dios. Esa es la forma de dejar las contiendas y las divisiones. Sólo así estaremos perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer: por el entendimiento de la suma de la Palabra.
- El Señor nos ruega esto, no es un clamor de hombre, es el clamor de Dios: Verso 10. “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos habléis una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.”
- No será posible humanamente hablando. Sólo es posible por el milagro sobrenatural de Dios, por el nuevo nacimiento donde recibimos la mente de Cristo. Sólo así se hace posible que todos pensemos una misma cosa y que todos entendamos la Palabra en su significado inconmovible. Solo así es posible que todo el cuerpo de Cristo deje las interpretaciones doctrinales y parciales y reciba la revelación del Espíritu para entender la suma de la Palabra.
- El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría. Le agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.
La palabra de la cruz es poder de Dios. Es locura a los que se pierden.
- ¿Que andamos buscando?
Unos piden señales, y otros buscan sabiduría humana. ¿Buscamos señales terrenales o un reino inconmovible?
- Nosotros predicamos a Cristo crucificado.
Para los judíos ciertamente tropezadero. Para los gentiles locura. Para nosotros Cristo es poder de Dios, y sabiduría de Dios.
1 Corintios 2
- Desechemos la excelencia de palabras o de sabiduría humana.
Propongamos en nuestro corazón no saber otra cosa entre nosotros, sino la Palabra, Jesucristo, y a este crucificado. Para que nuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Porque la Sabiduría de Dios es inconmovible, no terrenal y no consiste en excelencia de palabras. No se basa en palabras persuasivas, ni en sabiduría humana. La Sabiduría de Dios no tiene nada que ver con la sabiduría de este siglo. No está asociada a la sabiduría de las autoridades humanas quienes perecen y desconocen la sabiduría de Dios. Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. La sabiduría de este mundo se desvanece.
- La sabiduría de Dios es inconmovible.
Consiste en Jesucristo crucificado y se basa en demostración del Espíritu, porque es poder de Dios. La Sabiduría de Dios se basa en el misterio revelado en Cristo. Es sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, para los que le aman. Sólo es revelada por el Espíritu y se habla con las palabras que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Lo inconmovible a lo inconmovible.
- Nosotros tenemos la mente de Cristo, porque para entender la sabiduría de Dios necesitamos juzgar todas las cosas conforme a la suma de la Palabra.
Es el único modo como Dios hizo posible que entendamos el reino inconmovible.
1 Corintios 3
- Hagámonos esta pregunta: ¿cómo puede hablarnos el Señor?
¿Puede hablarnos como a cristianos espirituales o tiene que hablarnos como carnales? Recordemos que los cristianos carnales son niños en Cristo, que no son capaces de conocer, entender y obedecer las verdades inconmovibles de la Palabra. Viven con celos, contiendas y disensiones. No caminan en el Espíritu y andan humanamente, como hombres. Para que el Señor pueda hablarnos como cristianos espirituales, tenemos que pensar con la mente de Cristo, de acuerdo con la suma de la Palabra. Tener el fundamento de los apóstoles y un crecimiento que viene de Dios. Debemos ser capaces de conocer, entender y obedecer las verdades inconmovibles de la Palabra y vivir en la unidad del Espíritu con el cuerpo de Cristo.
- Meditemos en esto.
Dios es el que da el crecimiento. Unos plantan, otros riegan. Hay peritos arquitectos que ponen el fundamento, otros edifican encima. Cada uno mire cómo sobreedifica. Cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. ¿Estamos edificando lo eterno?
- Cristo es el fundamento.
Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto. Nadie puede edificar fuera de Cristo, la Palabra. Si sobre este fundamento alguno edificare lo movible, eso será evidente. Por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Ninguno se gloríe en los hombres, ni en lo movible. Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio.
- ¿No sabes que eres templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en ti?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá a él. El templo de Dios santo es.
1 Corintios 4
- Somos servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Pensemos y meditemos en esta verdad.
Administrar, servir la Palabra, esa es nuestra responsabilidad. Entender lo inconmovible para traerlo a la tierra.
- Requerimiento: Ser hallado fiel.
Cada uno recibirá su alabanza de Dios. El Señor aclarará lo oculto de las tinieblas. Manifestará las intenciones de los corazones.
- La clave para ser fiel, sin envanecerse y no caer en desobediencia.
Aprender a no pensar más de lo que está escrito. Sólo pensar conforme a la Palabra. No juzgarnos nosotros a nosotros mismos, sino exponernos ante la Palabra y que sea ella la que nos examine, juzgue y confronte.
- Dios ha exhibido a los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; llegando a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.
- La Palabra.
No fue escrita para avergonzarnos. Fue escrita para amonestarnos como a hijos amados. Por tanto, el Señor nos ruega que lo imitemos.
- El reino de Dios no consiste en palabras, humanas y vanas sino en poder.
- ¿Qué queremos?
¿Que el Señor venga a nosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?
Oremos.
Padre cumple en tu cuerpo lo que está escrito, destruye la sabiduría de los sabios, y desecha la inteligencia de los entendidos. Que podamos recibir la revelación y el entendimiento de la suma de tu Palabra. Deshaz lo que ahora es, para que sea nuevo lo que tú haces. Quita la mente carnal y las interpretaciones terrenales y pon la revelación, la mente de Cristo, la sabiduría eterna e inconmovible. Para que ninguna carne se jacte en tu presencia. Quita la insensatez humana y pon tu sabiduría divina, quita lo débil y pon tu fortaleza. Que tu pueblo reciba el discernimiento para desechar la sabiduría de los sabios, y la inteligencia de los entendidos. Clamamos por el espíritu de sabiduría y revelación en Cristo Jesús, el cual nos es hecho en ti, sabiduría, justificación, santificación y redención. Amén. Padre que se cumpla en tu pueblo lo que está escrito, que nos sea revelado en tu Palabra las cosas que ojo no ha visto, ni oído, ni ha escuchado, ni han subido en corazón de hombre, las cosas que Tú has preparado para los que te aman. Revélanos la suma de tu Palabra a nosotros por tu Espíritu; que por tu Espíritu aprendamos a escudriñar toda la Palabra, aun tus profundidades Señor. Que conozcamos por tu Espíritu, en tu Palabra, lo que tú nos dado. Que tu pueblo deje de enseñar la sabiduría humana, para aprender lo que enseña el Espíritu, y sepa acomodar lo espiritual a lo espiritual. Enséñanos a pensar con tu mente, a discernir y juzgar todas las cosas de acuerdo con la suma de tu Palabra. Te pedimos que nuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres sino en tu poder Señor. Padre: Gracias por tu Palabra Señor, enséñanos a pensar con tu mente para entenderla, y ver en tus leyes y tus juicios, lo inconmovible y tu misericordia para con nosotros. Haznos cristianos espirituales Señor. Enséñanos a gloriarnos sólo en ti Padre. Gracias por enviar a Cristo en propiciación por nuestros pecados. Gracias por este maravilloso y retador libro de 1 Corintios. Haznos agradecidos ante las maravillas de tu ley.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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