hechos 4-5

Día 313. Libro 44

Hechos 4

  1. Observemos la persecución.

Los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo y los saduceos estaban resentidos porque los discípulos enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. Les echaron mano y los pusieron en la cárcel.

  • Muchos de los que habían oído la palabra, creyeron y el número de los varones era como cinco mil.
  • El mensaje. ¿Nos atreveríamos hoy a predicar un mensaje así?

Ustedes crucificaron a Jesús. Jesús es la piedra reprobada por ustedes los edificadores. Dios le resucitó de los muertos. Jesús ha venido a ser cabeza del ángulo. En ningún otro hay salvación. No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

  • No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.

Es justo delante de Dios obedecer su Palabra y ponerla por encima de la obediencia a los hombres.

Hechos 5

  1. Definitivamente Dios si corrige el pecado.

Observemos que Satanás llenó el corazón de Ananías y Safira, para que mintieran al Espíritu Santo y sustrajeran del precio de la heredad.  Por cuánto tenían libertad de hacer uso de sus bienes, pero querían aparentar que eran buenos. Creyeron que podían jugar con esto y engañar al Señor. Por otro lado, meditemos en el hecho de que el Señor juzgó el pecado de Ananías y Safira y la forma en que lo hizo. La corrección del pecado que Dios hizo con Ananías y Safira, hizo que viniera GRAN TEMOR sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

  • Todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.

Los que creían en el Señor aumentaban en gran número y todos eran sanados.

  • Lo que debemos hacer.

Id y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida.

  • ¿Predicaríamos esta Palabra?

El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien ustedes mataron colgándole en un madero. Dios ha exaltado a Jesús, con su diestra, por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.

  • ¿A quién dará el Señor el Espíritu Santo?

Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

  • Palabra sabia.

Apártense de estos hombres, y déjenlos. Si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá. Si es de Dios, no la podrán destruir. No sean hallados luchando contra Dios.

  • Observemos que los creyentes sufrían padecimiento. ¿Estamos dispuestos?

Ellos estaban gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.

Oremos.

Padre enséñanos a obedecerte a ti antes que a los hombres. Danos el privilegio de sufrir afrenta por causa de tu nombre.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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