Día 302. Libro 42
Lucas 23
- Crucifícalo!!!!
Las voces del pueblo y de los principales sacerdotes prevalecieron contra Jesús pidiendo que fuese crucificado y Él fue entregado a la voluntad de ellos. Fueron ellos quienes pidieron que muriera la Palabra de Dios, el verbo encarnado. Su envidia se consumó y lograron una sentencia que llevó a Jesús a la cruz. Meditemos en esto: aun cuando su maldad fue la más diabólica, todo estaba escrito y cumplieron así la profecía.
- A cambio de Jesús, fue exonerado de culpa y liberado aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio.
En realidad, no sólo él fue liberado a cambio de Jesús, sino todos nosotros, fuimos libres de nuestros delitos y pecados. No lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?
- Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Observemos que uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.” Eran las mismas palabras de Satán en la tentación: «Si en verdad eres hijo de Dios, has esto y demuéstralo». Gracias a Dios por su misericordia al enviarnos un salvador obediente a su Palabra, que no solo soportó la tentación, sino que la venció con su muerte en la cruz.
Lucas 24
- ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
La Palabra del Señor es vida. No es letra muerta.
- ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
Señor líbranos de este pecado.
- Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron.
¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
- Éstas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros.
Que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.
Oremos
Señor ten misericordia de nosotros y de nuestros hijos, quita nuestra sequedad, haznos árboles verdes. Quita nuestra ceguera Señor, abre nuestros ojos, abre nuestro entendimiento. Señor, quiero que mi corazón arda ante tu Palabra. Enséñame las escrituras. Gracias por tu muerte en la cruz, por heredarnos salvación y vida eterna y por dejarnos el libro de Lucas.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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