lucas 10-11

Día 296. Libro 42

Lucas 10

  1. Los envío como corderos en medio de lobos.

Primeramente digan: Paz sea a esta casa. Posen en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que les den.

El obrero es digno de su salario. No se pasen de casa en casa. Coman lo que les pongan delante. Sanen a los enfermos. Digan: Se ha acercado a ustedes el reino de Dios. Si no los reciben, salgan y digan: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero sepan, que el reino de Dios se ha acercado a ustedes. Y les digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad. Les doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada los dañará.

  • Regocíjense de que sus nombres están escritos en los cielos.

No se regocijen de que los espíritus se les sujetan.

  • El que escucha la predicación de la Palabra, me escucha a mí.

El que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí. El que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.

  • Haz esto, y vivirás.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 

  • El prójimo.

El que usó de misericordia con él. Ve, y haz tú lo mismo.

  • La buena parte.

Esto es lo único necesario en la vida: sentarse a los pies de Jesús a oír su Palabra. Nadie puede tocarte ni quitarte lo que recibas allí, a los pies del Señor.

Lucas 11

  1. Una petición y un deseo.

Necesitamos hacer una petición y tener un deseo: Señor, enséñanos a orar por la revelación y el entendimiento de tu Palabra. Pidamos el Espíritu Santo, la revelación de la Palabra. Busquemos la revelación de la Palabra, y la hallaremos. Llamemos la revelación de la Palabra y se abrirán nuestros ojos espirituales. Esto es una ley eterna: todo aquel que pide entender la Palabra, lo recibe; y el que busca la revelación y el entendimiento de la Palabra, lo halla; y al que llama, se le abrirá el entendimiento. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

  • Ciertamente el reino de Dios ha llegado a nosotros.

El Señor venció al enemigo, le quitó todas sus armas en que confiaba, y repartió su botín.

  • Consideremos seriamente esta ley.

El que no está con la Palabra, está contra ella y el que no la recoge, la desparrama. Si el Señor limpia tu vida, Llénala de la Palabra. La Palabra la limpia. Barre con la obediencia a la Palabra, tu vida. Adorna con la Palabra tu vida porque si no lo haces, los espíritus inmundos vendrán y tomarán otros siete espíritus peores; y entrados, morarán allí; y tú postrer estado vendrá a ser peor que el primero.

  • Los bienaventurados.

Los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

  • Nuestra única señal: el cumplimiento de las escrituras.

¿Eso nos basta? Esta generación es mala; demanda señal. Y nosotros se la queremos dar.

  • Meditemos en esto.

Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de la Palabra se arrepintieron. El Señor Jesucristo es mayor que Jonás.

  • La verdadera luz: la Palabra.

Ella es la luz encendida, pongámosla en alto. Tengamos cuidado de entender la Palabra, no suceda que la luz qué hay en nosotros, sea tinieblas. Así que, si todo tu cuerpo está lleno de la Palabra, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor. 

  • ¡Ay de vosotros! ¡Hipócritas!

Limpian lo externo, pero por dentro están llenos de rapacidad y de maldad. Diezman todo, pero pasan por alto la justicia y el amor de Dios. Aman los primeros lugares. Son como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben. Cargan a los demás con cargas que no pueden llevar, pero ustedes ni aun con un dedo las tocan. Les envié profetas y apóstoles, a unos mataron y a otros persiguieron. La sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo será demandada de esta generación. Quitan la llave de la ciencia; ustedes no entran, y a los que entran se lo impiden.

Oremos.

Padre enséñanos a orar conforme a tu Palabra. Señor no dejes que el enemigo nos robe la Palabra. Ponla como un sello sobre nuestro corazón. Que podamos creer y salvarnos. Señor: que los afanes, lo terrenal y movible, no ahogue tu Palabra en nuestro corazón. Permítenos llevar fruto, danos un corazón bueno y recto. Que seamos obedientes para retener la palabra oída. Que seamos perseverantes para dar fruto. Señor: ayúdanos, ten misericordia y danos el tener las raíces de tu Palabra en nuestro corazón. Que cuando vengan las pruebas no nos apartemos.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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