Marcos 6-7

Día 285. Libro 41

Marcos 6

  1. Por la Palabra del Señor.

Por la revelación del Espíritu Santo, tenemos las mismas cosas, la misma sabiduría y los mismos milagros que por las manos de Jesús fueron hechos mientras estuvo en la tierra.

  • No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, entre sus parientes y en su casa.

Si estás predicando la Palabra de vida, en espíritu y en verdad, no esperes honras humanas. Es normal y humano esperar reconocimiento, pero Jesús nos lo advierte. Lo único que podemos esperar es persecución y padecimiento.

  • Estaba asombrado de la incredulidad de ellos.

No pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

  • Nuestro mensaje.

Predicar que los hombres se arrepientan, echar fuera muchos demonios, ungir con aceite a muchos enfermos y sanarlos.

  • No te es lícito tener la mujer de tu hermano.

Ese es el deber de la iglesia: denunciar el pecado de los gobernantes. Esto le costó la vida a Juan el Bautista, pero no se detuvo.

  • Juan era varón justo y santo.

Si vas a ser luz, no puedes tener doble cara.  Sólo puede denunciar el pecado quien vive en santidad.

  • Te puede gustar la Palabra, oírla de buena gana, pero si no abandonas el pecado, terminarás traicionándola.

Herodes temía a Juan. Él sabía que era varón justo y santo. Le oía y se quedaba muy perplejo. Le escuchaba de buena gana, pero… adulteraba con la mujer de su hermano. En medio de su lascivia le agradó la danza de una chica, al punto de comprometer la mitad de su reino (lo cual me parece un acto de absoluta soberbia): “Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.” Entonces mandó a cortar la cabeza del profeta, para cumplir su propio dicho. Conclusión: no puedes simpatizar con la Palabra y seguir en el pecado. Vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

  • Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, los bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.

También el Padre tomó a Cristo y lo bendijo, lo partió, al morir en la cruz, lo puso delante de nosotros, sus discípulos. Ahora nosotros debemos alzar los ojos al cielo, y tomar la Palabra, comerla como nuestro Pan espiritual y repartirla entre las multitudes.

  • Los discípulos tenían endurecidos sus corazones, por eso no entendían la Palabra.

Mientras nuestros corazones estén endurecidos, no podremos entender la Palabra, no tendremos revelación de ella. Recordemos la parábola del sembrador.

Marcos 7

  1. La reprensión del Señor para su pueblo.

Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. En vano me honran. Enseñan como doctrinas mandamientos de hombres. Invalidan la palabra de Dios con sus tradiciones. Dejan el mandamiento de Dios, para aferrarse a la tradición de los hombres.

  • Oídme todos y entended.

Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar. Lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. ¿También ustedes están así sin entendimiento? Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

  • La mujer Sirofenicia.

Su humildad consistió en creer que bastaba la Palabra de Jesús. Cuando llegó a su casa, la Palabra había obrado el milagro. Observemos que es un caso igual al de Mateo 8:9-13.

  • Isaías 66:2. “Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.”
  • Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Oremos

Señor sana nuestra sordera.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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