Habacub 1-3

Día 266. Libro 35.

Habacub 1

  1. Reflexionemos en esto.

¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? ¿Es ésta nuestra experiencia? ¿Deseamos solo ver las bendiciones y las promesas de paz?

  • El Señor anuncia el cautiverio.

Si alguien les contara esto, ustedes no podrían creerlo. El profeta definitivamente lo entendió y pudo orar por su pueblo con esta revelación.

  • Tu eres un Dios santo.

Siempre has existido, y no nos dejarás morir porque eres nuestro refugio. Se que usarás a Babilonia para castigar a tu pueblo.

Habacub 2

  1. Toda la Palabra del Señor se cumplirá.

¿El hecho de no entender todas las escrituras y verlas cumplidas, nos hace dudar de ellas? Tardará un poco en cumplirse, pero tú no te desesperes; aún no ha llegado la hora de que todo esto se cumpla, pero puedo asegurarte que se cumplirá sin falta.

  • El justo por su fe vivirá.

La fe que justifica en Cristo Jesús consiste en vivir por la Palabra de Dios. La fe para salvación significa entender las escrituras y vivir en obediencia a ellas. Lo contrario a la fe es no creer que la Palabra del Señor se cumplirá, vivir en la imaginación del corazón, en vanidades ilusorias, y por consecuencia andar en arrogancia, orgullo y soberbia. Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.

  • Jehová está en su santo templo: Haga silencio delante de Él toda la tierra. Callemos para poder escuchar su Palabra.

Habacub 3

  1. Nuestra única respuesta ante la Palabra es temer a Dios.
  • Alegrarnos a pesar de todo.

Aunque no de higos la higuera, ni den uvas las viñas, ni aceitunas los olivos; aunque no haya en nuestros campos nada que cosechar; aunque no tengamos vacas ni ovejas.

Oremos

Nuestro gran Dios se levantó y midió la tierra. Miró e hizo temblar las gentes. Los montes antiguos fueron desmenuzados, los collados antiguos se humillaron. Sus caminos son eternos. Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer. En la ira acuérdate de la misericordia. ¡Dios mío, yo sé bien todo lo que has hecho, y por eso tiemblo en tu presencia! Déjanos ver en nuestros días tus grandes hechos de otros tiempos. Si te enojas con nosotros, no dejes de tenernos compasión. Siempre te alabaré con alegría porque tú eres mi salvador.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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