Día 227. Libro 24.
Jeremías 31
- El arrepentimiento.
Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito.
Conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios.
Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo.
Me avergoncé y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud. 18-19.
- La Palabra fructificará en nosotros.
Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová.
Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.
Jeremías 32
- Reflexionemos en torno a la situación y experiencia del profeta Jeremías.
Por un lado tiene la revelación de la Palabra del Señor y por otra parte, está preso por predicar dicha revelación.
La ciudad está entregada a espada, hambre y pestilencia, sin embargo, el Señor le manda que compre una heredad como señal de la futura restauración del pueblo de Dios y del regreso del remanente a la ciudad de Jerusalén.
¿Representan estos hechos verdades contradictorias para el ser humano?
La fuerte contradicción debe llevarnos a entender que el pensamiento de Dios y el cumplimiento de su Palabra son contrarias a nuestra manera de pensar y ver la realidad.
Aprendamos que en cada situación descrita en la Palabra, se usan figuras de cosas terrenales, para representar el pensamiento inconmovible del Señor.
- Nuevamente en este capítulo el Señor desea dejarnos testimonio claro de las causas del cautiverio.
La desobediencia y maldad de su pueblo rebelde. Los hijos de Israel no han hecho más que provocarme a ira con la obra de sus manos, dice Jehová.
- Verso 20. “Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho sino lo malo delante de mis ojos desde su juventud.”
- Observemos la oración del profeta.
Aprendamos a orar como el, en base a la revelación de la Palabra del Señor y con el entendimiento de su voluntad, cómo dice Jesús en Lucas 11.
Oremos
Perdónanos Señor. Perdona nuestra maldad, y no te acuerdes más de nuestro pecado. Cumple tu Palabra y pon tus leyes en nuestra mente, y escríbelas en la tabla de nuestro corazón.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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