Día 243. Libro 26.
Ezequiel 21
- YO estoy contra ti.
Sacaré mi espada de su vaina, y cortaré de ti al justo y al impío. Verso 3.
- Versos 9-10. «…la espada está afilada, y también pulida. Para degollar víctimas está afilada, pulida está para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos?”
- La condición para ser sanados.
Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto.
- Gime, clama y lamenta.
- Verso 6. «…con quebrantamiento de tus lomos y con amargura; gime delante de los ojos de ellos.»
- Meditemos en esto. ¿Es el rey de Babilonia un instrumento en la mano del Señor?
- Observemos a los falsos profetas y su mensaje. ¿Cuál es su responsabilidad en el cautiverio?
Ezequiel 22
- ¿No juzgarás tú?
¿No juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominaciones?
JUZGA a la ciudad derramadora de sangre: En tu sangre que derramaste has pecado, y te has contaminado en tus ídolos.
He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su poder, se esfuerzan en derramar sangre.
Al padre y a la madre despreciaron en ti; al extranjero trataron con violencia en medio de ti; al huérfano y a la viuda despojaron en ti.
Mis santuarios menospreciaste, y mis días de reposo has profanado.
Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; y sobre los montes comieron en ti; hicieron en medio de ti perversidades.
La desnudez del padre descubrieron en ti, y en ti hicieron violencia a la que estaba inmunda por su menstruo.
Cada uno hizo abominación con la mujer de su prójimo, cada uno contaminó pervertidamente a su nuera, y cada uno violó en ti a su hermana, hija de su padre.
Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor.
- Los falsos profetas.
Como león rugiente que arrebata presa; devoraron almas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella. Recubrían con lodo suelto, profetizándoles vanidad y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor; y Jehová no había hablado.
- Tus príncipes.
Son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para destruir las almas, para obtener ganancias injustas.
- Tus sacerdotes.
Violaron mi ley y contaminaron mis santuarios. Entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia. No distinguieron entre inmundo y limpio y apartaron sus ojos de mis días de reposo. Profanaron al Señor en medio de ellos.
- El pueblo de la tierra.
Usaba de opresión y cometía robo, al afligido y menesteroso hacía violencia, y al extranjero oprimía sin derecho.
- Busqué y no hallé.
Busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor.
Oremos
Padre confesamos nuestros pecados que nos señalas en tu Palabra. Confesamos por nosotros y por nuestro pueblo. Confesamos nuestra rebelión, nuestra desobediencia e idolatría, y nuestra sordera. Que no hemos hecho vallado para salvar a tu pueblo. Perdónanos. Quebranta nuestro corazón y enséñanos a humillarnos. Limpianos y sana nuestra tierra.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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