isaías 54-58

Día 214. Libro 23.

Isaías 54

  1. El castigo y la promesa.

Jehová nos llamó como a mujer abandonada y triste de espíritu. Como a la esposa de la juventud que es repudiada. Dices: Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias.

  • Regocíjate.

Levanta canción y da voces de júbilo. No temas. No te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.

  • Ensancha el sitio de tu tienda, extiende las cortinas de tus habitaciones, no seas escasa, alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas.

¿Es éste un mandato relacionado con nuestro entendimiento de la Palabra de Dios?

  • Una promesa espectacular para el mesías y para nosotros, el pueblo de Dios.

Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio.

Ésta es la herencia de los siervos de Jehová. Su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.

Isaías 55

  1. Vengan, compren sin dinero.

La Palabra de Dios y la salvación es aquello que compramos sin dinero.

La salvación no tiene precio, porque Cristo lo pagó.

Para entender la Palabra, sólo tienes que abandonar tu propia manera de pensar.

Oír atentamente, inclinar el oído, venir ante la Palabra.

Dejemos nuestros caminos, nuestros pensamientos y volvamos nuestro corazón hacia su Palabra.

  • Versos 7-8. “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.”
  • Hagamos esto.

Busquemos a Jehová mientras puede ser hallado, llamemos en tanto que Él está cercano.

  • El pacto eterno.

Es necesario que dejemos de pensar conforme a nuestros propios criterios, para entrar en el pacto de salvación eterno.

  • Los montes, los collados y todos los árboles del campo, levantaran alabanzas cuando la Palabra que sale de la boca de Jehová es prosperada.

Porque no volverá a Él vacía, sino que hará lo que el Señor quiere, y será prosperada en aquello para lo que fue enviada.

Isaías 56

  1. Bienaventurado el hombre que hace estos mandamientos.

Guardar su Palabra. Hacer justicia. Que no es otra cosa que hacer la Palabra.

Guardar sus días de reposo: descansar de nuestra manera de pensar para adoptar la manera de pensar del Señor. Escoger lo que Él quiere, y abrazar su pacto.

  • La promesa.

Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros.

Y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá.

Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración.

Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar.

  • La reprensión.

Dejan que las bestias del campo y las fieras del bosque devoren las ovejas, porque ustedes mismos las

Devoran, atalayas ciegos, ignorantes, perros mudos, no pueden ladrar. Soñolientos, echados, aman el dormir.

Perros comilones insaciables, pastores que no saben entender. Siguen sus propios caminos. Buscan su propio provecho. Se embriagan de sidra.

Tienen su mirada en la vanidad: lo movible, lo pasajero, lo terrenal. Lo que no es eterno, lo que no es inconmovible, lo que no es el reino de los cielos.

Isaías 57

  1. La terrible reprensión.
  2. Verso 11. ¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento?

¿No he guardado silencio desde tiempos antiguos, y nunca me has temido? Hijos de la hechicera, generación del adúltero y de la fornicaria. Burladores, hijos rebeldes, generación mentirosa, fervorosos de los ídolos, impíos.

  • Verso 17. “Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí, escondí mi rostro y me indigné; y él siguió rebelde por el camino de su corazón.” 
  • El juicio.

Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán. Cuando clames, que te libren tus ídolos.

Pero a todos ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará.

  • La promesa para los que obedecen.

Serán quitados de delante de la aflicción. Entrarán en la paz y recibirán sanidad.

Descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.

El que en mí confía tendrá la tierra por heredad, y poseerá mi santo monte.

Será pastoreado por el Señor, hará vivir su espíritu, vivificará su corazón y será consolado.

  • Verso 15. “Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.”
  • Versos 18-19. “He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados; produciré fruto de labios: Paz, paz al que está lejos y al cercano, dijo Jehová; y lo sanaré.”
  • Nuestra responsabilidad.

Allanad, allanad. Barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo.

Isaías 58

  1. El día de reposo.

Anuncien clamando a voz en cuello. No se detengan, alcen la voz como trompeta.

Anuncien a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Desaten las ligaduras de impiedad.

Suelten las cargas de opresión. Dejen ir libres a los quebrantados. Rompan todo yugo.

Partan su pan con el hambriento. A los pobres errantes alberguen en casa.

Vean al desnudo y cúbranlo. No se escondan de su hermano. Retraigan su pie, de hacer su voluntad.

No anden en sus propios caminos. No hagan, no busquen su voluntad. No hablen sus propias palabras.

Llamen a este día deleite a Jehová, delicia, santo, glorioso de Jehová, veneren este día.

Es un día de ayunar tu voluntad para hacer la voluntad de Dios.

  • Reflexionemos en esto.

El mandato para el día de reposo ¿es acaso un mandamiento para todos los días?

  • ¿Para qué ayunamos?

El Señor reclama: Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios.

Me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.

¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido?

He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.

He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente.

No ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.

¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?

Oremos

Padre perdona la dureza de nuestro corazón. Danos entendimiento y obediencia. Gracias porque aunque estábamos abandonados y tristes de espíritu en nuestros delitos y pecados, tu enviaste al Mesías redentor a salvarnos.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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