Día 209. Libro 23.
Isaías 36
- El enemigo pregunta y afirma. Sacude y ataca.
Cuestiona y pone en duda de donde proviene la confianza en la que nos apoyamos para revelarnos contra él.
Si nos apoyamos en poderes o palabras humanas, perecederas y en armas de este mundo, verdaderamente perderemos la batalla contra el enemigo. En eso tiene razón. Porque las armas humanas no tienen poder contra las armas satánicas.
Nuestro consejo y poderío sólo debe basarse en la Palabra eterna del Señor. Sólo su Palabra tiene el poder para derrotar las armas del enemigo.
Observemos que el enemigo hace promesas que nunca podrá cumplir, esas promesas solo Cristo tiene el poder para llevarlas a cabo: Verso 17. «…hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas.»
Observemos la pregunta que hace el enemigo: “¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?”
Sabemos que solo hay un Dios capaz de librar a su pueblo: ¡Jehová de los Ejércitos!
¿Callamos ante el enemigo o tenemos respuesta en la Palabra de nuestro Dios?
¿Cuál fue la respuesta de Cristo ante la tentación del enemigo? Ver Lucas 4:1-13.
- El enemigo dice: Verso 10. “¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela».
Aun cuando el enemigo es mentiroso y soberbio, hay algo que es cierto y que nunca debemos ignorar: es Dios quién envía el castigo y es Dios quién envía la salvación. Nada se escapa de su poder, ni de su control. Nunca sucede nada que no esté escrito en su Palabra.
Recordemos el caso de Job. ¿Qué reflexión hacemos a partir de esta verdad?
¿Qué cambios debemos hacer en nuestra manera de orar?
Isaías 37
- La respuesta del Señor Jehová de los ejércitos.
No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a espada.
¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.
Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios.
- La Palabra de Jehová contra la soberbia del enemigo.
- Versos 28-29. » He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste».
- Lo que hará el celo de Jehová de los ejércitos.
De Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de Sion los que se salven.
Isaías 38
- ¿Es ésta una orden sólo para Ezequías? Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás.
- El ruego.
- Verso 3. “Y dijo: Oh Jehová, te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro.”
- La respuesta.
- 2 Reyes 20:5-6. “Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.”
- ¿Hemos sido sanados de nuestros delitos y pecados?
- Juan 5:15. “Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.”
- Salmos 118:18-19. “Me castigó gravemente JAH, Mas no me entregó a la muerte. Abridme las puertas de la justicia; Entraré por ellas, alabaré a JAH.”
- Necesitamos ordenar nuestros caminos con su Santa Palabra.
- Salmos 119:5. “¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos!”
- Salmos 119:133. “Ordena mis pasos con tu palabra, Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.”
- El gozo de nuestra salvación y nuestra esperanza eterna son realidades que nos sostienen más allá de la vida y la muerte.
- Verso 17. «… a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados».
Oremos
Gracias Señor porque eres el Todopoderoso Jehová de los ejércitos. No hay obras que igualen tus obras. Eres perfecto y tu Palabra es perfecta.
Gracias por librarnos de las garras del pecado y la condenación eterna. Gracias por derrotar al enemigo de nuestras almas.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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