Día 198. Libro 21.
Eclesiastés 7
- Verdaderamente esto es mejor.
- La buena fama.
- La casa del luto, antes que la casa del banquete.
- El día de la muerte que el del nacimiento.
- El pesar que la risa, porque enmendará nuestro corazón.
- Oír la reprensión de un sabio, que las adulaciones.
- No apresurarse a enojarse.
- Mejor es el fin del negocio que su principio.
- Mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
- La sabiduría de la Palabra, que la ciencia.
- ¿Son estos enunciados, agradables a nuestros oídos? ¿Chocan con nuestra manera de pensar? Definitivamente lo que Dios establece como “lo mejor”, de acuerdo con la lista anterior, no se parece en nada a lo que nuestra cultura humanista proclama como lo mejor.
- Meditemos en esto.
- Ciertamente la opresión hace entontecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón.
- ¿Está oprimida nuestra alma por el engaño del pecado?
- ¿Conocemos el efecto que causan en nuestro juicio la adulación, las lisonjas y los regalos?
- La sabiduría de la Palabra.
- Versos 11-12. “Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol. Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; más la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.”
- Verso 9. “La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad.”
- La autoridad del Señor.
- Miremos la obra de Dios porque ¿Quién enderezará lo que él torció?
- Él hizo tanto lo uno como lo otro.
- Un hombre entre mil y ninguna mujer.
- Recordemos cómo la figura de la mujer nos representa como iglesia y esposa de Cristo.
- ¿Será que no ha hallado una mujer santa? ¿O una esposa vestida de lino? ¿Una iglesia vestida de lino fino?
- Reflexionemos en esto, porque esa iglesia somos nosotros y es nuestro deber ser santos sin mancha, ni arrugas y ataviarnos para nuestro esposo que está en los cielos.
- Unas excelentes advertencias.
- No apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan.
- No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.
- Santiago 1:19. “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”
- Efesios 4:26-27. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.”
- Proverbios 16:32. “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.”
- Proverbios 14:17. “El que fácilmente se enoja hará locuras; Y el hombre perverso será aborrecido.”
Eclesiastés 8
- Guarda el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.
Porque él hará todo lo que quiere, por lo tanto, no persistas en el mal ni busques salir de su presencia.
Porque su palabra es con potestad, ¿quién le dirá qué haces?
Porque si le obedeces, no experimentarás el mal.
Porque el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio.
Porque no hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu.
- Los que temen a Jehová.
Les irá bien.
Los que no temen al Señor: sus días serán como sombra. Y aunque parezca que los días del impío se alargan, o que le acontece como si fuese un justo, todo eso es y seguirá siendo vanidad, porque como vimos en capítulos anteriores, nuestra mirada debe estar en los cielos, en la permanencia de la palabra, en el temer y obedecer a Jehová.
- Las consecuencias de no corregir el pecado.
- Verso 11. «Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal.»
Eclesiastés 9
- Todo acontece de la misma manera a todos.
Mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica, etc. ¿Creeremos que nuestra justicia es más justa que la de Dios?
- Job 4:17. “¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?”
- Salmos 7:9-11. “Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón. Mi escudo está en Dios, Que salva a los rectos de corazón. Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.”
Reflexionemos en esta palabra y dediquemos nuestra vida al temor y a la obediencia, a eso nos ha llamado Dios. Ya de por sí, las obras de los justos y de los sabios están en la mano de Dios.
- En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.
¿Hemos procurado esto?
- Nuestra parte.
Alegrarnos porque nuestras obras son agradables a Dios.
Gozar la vida con la mujer que amas.
Gozar los días de tu vida porque para eso has trabajado.
- Verso 12. “Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.”
- Sabiduría vs Fuerza.
- Versos 13-16. “También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.”
Prestemos atención a las cualidades de este hombre: pobre, sabio, libra a la ciudad con su sabiduría y aun así no son escuchadas sus palabras. Y aun así, esto también es vanidad.
Eclesiastés 10
- El sabio.
Su mansedumbre hará cesar las ofensas. Su sabiduría es provechosa para dirigir. Sus palabras son llenas de gracia.
- El necio.
Le falta cordura y los demás lo notan. Sus palabras causan su propia ruina. El fin de sus palabras es «nocivo desvarío», «terribles sandeces» en otras versiones. El trabajo los fatiga porque no saben por dónde ir.
Examinemos nuestros caminos y nuestras actitudes, que nuestros caminos sean los caminos de Jesús y nuestras PALABRAS las de él, no las nuestras que nos llevan a nuestra propia ruina.
Eclesiastés 11
- El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.
Contrastemos esto con nuestra vida espiritual. ¿Estamos sembrando la palabra de Dios en nuestra vida o estamos esperando cosechar algo que jamás sembramos?
- Isaías 55:10-11. “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”
- El Señor juzgará todas nuestras obras.
- Versos 9-10. “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.”
Alégrate y tome placer tu corazón, solo recordemos que al final todo es vanidad, y la vanidad no es más que lo pasajero de este mundo.
- Reflexionemos nuevamente: ¿En quién hemos estado poniendo nuestra mirada?
Eclesiastés 12
- Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.
- Versos 1-2. “Por eso Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.”
Porque al final el polvo volverá a la tierra y el espíritu a Dios que fue quien lo dio.
- El fin de todo el discurso oído.
- Eclesiastés 12:9-14. “Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”
- Ante esto no hay nada más que decir sino alabar a nuestro Señor por su palabra y por su sabiduría.
¿Qué haremos con esta palabra? ¿Atesorarla y volvernos de nuestras vanidades o continuar viviendo alejados de Dios, desechando su reprensión y con la mirada en este mundo y sus aflicciones?
Queda en nosotros TEMER y GUARDAR sus mandamientos. Recordemos que es un mandato.
Oremos
Padre Santo de la gloria danos en tu infinita misericordia, el entender y obedecer tu ley.
Te alabo Señor por tu palabra, me gozo en tus dichos.
Haznos entender el reino inconmovible que nos has entregado y aparta de nosotros la vanidad.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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