Día 176. Libro 19.
Salmos 43
- ¿Andas enlutado por la opresión del enemigo?
¡El Señor ha enviado su luz y su verdad! Su Palabra te guiará a la presencia del Señor.
¿Por qué te abates? ¿Por qué te turbas? Espera en su Palabra y Alábalo.
Salmos 44
- No hemos obtenido nuestra salvación por nuestro poder ni por nuestras armas humanas.
Por eso no podemos confiar en nuestros propios conceptos, ni pensamientos de humana sabiduría para derrotar al enemigo. Por medio de Él, en obediencia, en su nombre hollaremos al adversario. Recordemos la victoria de Cristo en la cruz. Reconozcamos de donde procede el poder que le ha resucitado:
Salmos 20:6. “Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; Lo oirá desde sus santos cielos Con la potencia salvadora de su diestra.”
Salmos 45
- La misma Palabra de verdad, de humildad y de Justicia, son las saetas agudas con las que caerán pueblos a sus pies.3
Versos 4-5. “En tu gloria sé prosperado; Cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia, Y tu diestra te enseñará cosas terribles. Tus saetas agudas, Con que caerán pueblos debajo de ti, Penetrarán en el corazón de los enemigos del rey.”
- El clamor del corazón de Dios.
Verso 10. “Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre.”
- Que ese óleo de alegría con que fue ungido Cristo por amar la justicia y aborrecer la maldad, sea derramado sobre nosotros.
Salmos 46
- Aunque todo tiemble.
Aunque todo en lo que creemos sea cuestionado, El Señor nos amparará y será nuestra fortaleza.
Él nunca cambia, Él es la roca de los siglos.
- Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. ¿Lo has obedecido?
- El ancla de nuestra alma.
Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob.
Salmos 47
- Aclamemos al Señor.
Porque Jehová el Altísimo es temible; Rey grande sobre toda la tierra.
- Cantemos con inteligencia, que nuestra alabanza sea su Santa Palabra.
- El Señor ha elegido nuestra herencia.
Hechos 20:32. “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.”
Salmos 48
- Observemos como estos cinco Salmos, que siguen a continuación, nos ubican perfectamente en el reino inconmovible.
Todo el libro, toda la Biblia, toda la obra de Cristo, todo apunta hacia la voluntad de Dios: que todas las cosas sean reunidas en Cristo Jesús, para que Él sea exaltado y tenga la preeminencia en todo, de tal forma que su Palabra se cumpla.
Para lograr entrar en ese propósito eterno de Dios, expresado en la suma de la Palabra, nosotros necesitamos ser santificados y renovados en nuestra mente.
Sólo poniendo los ojos en el reino de los cielos, podemos entender lo eterno.
Oremos para que sea roto el velo que nos impide ver, oír y entender lo que sucede en los cielos.
Pongamos la mirada en las cosas que no se ven, porque las que se ven son pasajeras.
Oremos unos por otros para que la lectura del libro de los Salmos nos haga pensar como Cristo.
- La verdadera alabanza es aquella que se hace conforme a su Palabra.
La verdadera alabanza es en los cielos. Por eso el Señor sólo busca adoradores en espíritu y en verdad.
- Nos acordamos de tu misericordia.
En medio de tu templo nos acordaremos de tu Palabra.
- Como lo oímos, así lo hemos visto.
Como lo oímos, en tu Palabra, así lo hemos visto en el reino inconmovible.
La verdadera ciudad de Jehová de los ejércitos, la ciudad de nuestro Dios es La Jerusalén celestial, no la terrenal. La afirmará Dios para siempre: la afirmará y edificará con su Palabra.
- Se alegrará el monte de Sion.
Se gozarán las hijas de Judá por tus juicios. Nuestra alegría y nuestro gozo es por su Palabra.
Por el cumplimiento de sus juicios en Cristo Jesús.
- Consideremos atentamente su salvación.
Verso 13. “Considerad atentamente su antemuro, Mirad sus palacios; Para que lo contéis a la generación venidera.”
Isaías 26:1. «En aquel día cantarán este cántico en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos; salvación puso Dios por muros y antemuro.»
Salmos 49
- Escuchen esta Palabra pueblos todos.
Los plebeyos y los nobles, los ricos y los pobres. Abran su corazón que les voy a enseñar.
Abran sus oídos espirituales. Abran sus ojos para que vean la verdad.
Entiendan, estén atentos, estén apercibidos. Inclínense: sean humildes para aprender.
Dejen su propia manera de pensar porque voy a enseñarles. Quiero revelarles mi pensamiento.
La sabiduría eterna de la Palabra será expuesta, estén atentos. La boca de Dios hablará inteligencia.
Declarará los enigmas por su Palabra.
- No teman a la adversidad ni a la prosperidad de sus opresores.
No temas cuando aumenta la gloria del impío. Pongan su mirada en mí. Cuando la maldad y los opresores los rodeen, vuelvan su mirada a mi Palabra.
No pongan su mirada en las cosas de este mundo, no confíen en lo terrenal. Todo puede perecer, riquezas, honra y nuestro cuerpo.
Pero los enemigos no tienen el poder de hacernos perecer eternamente. Solamente YO soy su salvador.
- La redención de sus vidas ha sido pagada con un gran precio: su sangre preciosa.
El Señor Jesucristo nos ha redimido y ha pagado nuestro rescate, el cual le costó gran precio.
Ninguna opresión humana y terrenal, ningún padecimiento de este mundo, se compara con el precio que el Señor pagó por nuestra salvación.
Él redimirá mi vida del poder del Seol porque él me tomará consigo.
Gracias a su obra nunca veremos corrupción.
- El malo.
Se considera dichoso porque prospera y recibe honras y loores. El malo tiene su mirada en lo movible.
Confía en sus bienes y se jacta de sus riquezas, pero todo lo que tiene perecerá.
No entiende la Palabra. Es semejante a las bestias. Su camino es locura.
Sin embargo sus descendientes se complacen en sus dichos y se complacen en sus glorias terrenales.
Si no se arrepiente, su alma perecerá para siempre, nunca más verá la luz.
Salmos 50
- El Dios de Dioses ha hablado y ha resplandecido.
El que es la perfección de la hermosura ha hablado.
Entendamos ahora esto, no sea que nos despedace, y no haya quien nos libre.
Los cielos han declarado su justicia. Él es el juez. Ha hablado desde el nacimiento del sol hasta donde se pone y no callará.
Ha convocado a los cielos de arriba y a la tierra para juzgar y reprender a su pueblo, los que hicieron pacto con Él, pacto basado en el sacrificio de Cristo.
Fuego consumirá delante de Él. No nos reprenderá por nuestros holocaustos y nuestros sacrificios, que están siempre delante de Él.
Sin embargo Él no los necesita porque suyo es el mundo y su plenitud.
El único sacrificio que le alaba verdaderamente es la obediencia a su Palabra.
Cuando esto suceda, entonces le invocaremos y Él nos librará.
- Entended lo que dijo Dios a su pueblo desobediente.
¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes? No tomes mi pacto en tu boca, porque tu aborreces la corrección de mi Palabra y la echas tras tus espaldas.
Ustedes se olvidan de mí. Tú también eres ladrón, adúltero y mentiroso.
Tu lengua compone engaño, hablas contra tu hermano. Piensas que soy igual que tú.
Pero te reprenderé y te pondré delante tu pecado.
Si no entiendes esto y te arrepientes, entonces no habrá quien te libre del castigo destructor.
- El verdadero arrepentimiento.
Significa entender esto que el Señor está diciendo en su Palabra.
Reconocer nuestra desobediencia, confesar al Señor nuestros pecados, dejar el robo, el adulterio espiritual, la mentira, el odio y cambiar de rumbo para obedecer y ordenar nuestra vida conforme a su Palabra.
Sólo a los que obedecen la Palabra, se les mostrará la salvación del Señor.
Oremos.
Te alabamos Padre, Rey y Señor, por la belleza, la singularidad, la poesía y la ternura de tu Palabra.
Nos inclinamos ante la majestuosidad y el poderío de tu reino. Tu reino es reino de todos los siglos.
Tu Palabra es una joya preciosa, una sabiduría inagotable. Queremos beber del agua viva, de cada verso.
Tus siervos
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
Nuestra meta
365 días con la Palabra.
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