nehemías 1-3

Día 156. Libro 16.

Nehemías 1

  1. Nehemías es un libro sobre la restauración y la edificación del cuerpo de Cristo.

El término restaurar aparece 65 veces en la Biblia.

En el libro de Nehemías aparece 36 veces, esto es un énfasis nada despreciable.

  • El remanente.

Los que quedaron de la cautividad y están en gran mal y afrenta.

  • Observemos que el muro de Jerusalén está derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

¿Es ésta nuestra condición?

Necesitamos hacer lo mismo que Nehemías: Sentarnos a llorar, hacer duelo por algunos días, ayunar y orar delante del Dios de los cielos, para que su Palabra sea restaurada en su pueblo, los muros de salvación sean reedificados y las puertas levantadas.

Nehemías 2

  1. Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego.

¿Entendemos la condición del pueblo de Dios?

¿Podemos ver y dolernos por la desobediencia y el deterioro del pueblo de Dios?

  • El Señor nos dice: ¿Qué cosa pides?

Verso 5. “Y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.”

Isaías 6:8. “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”

  • La decisión.

Venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio.

Levantémonos y edifiquemos.

Así esforzaron sus manos para bien.

  • El enemigo: activado y aterrorizado.

Hace escarnio de nosotros. Somos despreciados.

Dice: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?

En realidad, los creyentes obedientes a la Palabra, debemos rebelarnos no contra el Rey, sino contra todo lo que se cuela dentro del pueblo de Dios, las doctrinas falsas, las pseudo verdades y todo lo que tiene apariencia de piedad pero niega la eficacia de ésta.

  • Nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra respuesta.

El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.

Nehemías 3

  1. Cuando se lean las memorias.

Cuando el Señor lea los registros, de los que edificaron el cuerpo de Cristo, ¿aparecerán nuestros nombres junto a los de Nehemías, Eliasib con sus hermanos, los hijos de Senaa, Meremot, Mesulam, Sadoc, los tecoítas y tantos otros que edificaron?

Observemos que los grandes de los tecoítas no se prestaron para ayudar a la obra del Señor.

¿Será esto una figura de aquellos que teniendo posición de autoridad y liderazgo, no se prestan para restaurar con la Palabra de Dios?

  • Revisemos el estado de los muros, las puertas y los cerrojos en nuestras vidas.

Los muros: Isaías 26:1. “En aquel día cantarán este cántico en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos; salvación puso Dios por muros y antemuro.”

Las puertas: Juan 10:7,9. “Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. (…) Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”

Los cerrojos: Salmos 147:12-13.  “Alaba a Jehová, Jerusalén; Alaba a tu Dios, oh Sion. Porque fortificó los cerrojos de tus puertas; Bendijo a tus hijos dentro de ti.”  Y Lamentaciones 2:9. “Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos; Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley; Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.” 

También: Job 38:10. “Y establecí sobre él mi decreto, Le puse puertas y cerrojo.”

YEzequiel 38:11. “y dirás: Subiré contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente; todas ellas habitan sin muros, y no tienen cerrojos ni puertas.”

Oremos

Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;

esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo,

que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos. 

Confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.

En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos,

estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.

Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo:

«Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;

pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra,

aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos,

de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.»

Somos tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa.

Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo,

y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre.

Concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia.

Tus siervos

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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