Día 114. Libro 11.
1 Reyes 8
- Cristo, la Palabra de Dios hecha carne.
Él es la casa en la cual Dios ha puesto su nombre.
- Observemos algunas precisiones que da la Palabra en cuanto al ARCA:
En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto. Verso 9.
Entendemos así que el ARCA contiene la PALABRA.
Cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová. Verso 10.
Es decir que la presencia y la gloria del Señor están en el ARCA.
Los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
No hay lugar para enseñanzas humanas, nuestras enseñanzas no pueden permanecer al lado de la PALABRA.
Mateo 17:5. «Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.»
- La causa del cautiverio del pueblo de Dios.
Versos 45-50. “Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca, y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad; y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia. Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos.”
Oremos
Padre, no hay Dios como tú. Ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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