Día 98. Libro 9.
1 Samuel 25
- Nabal.
Un hombre tan perverso, que no había quien pudiera hablarle. Duro de corazón.
Sin entendimiento, ni temor de Dios, borracho, pagó mal por bien a David quien lo había bendecido y protegido.
No quiso ayudar a David en su necesidad, negándole su pan, su agua y su carne.
Su visión de David fue humana y carnal, lo vio como un siervo que huía de su señor.
No creyó en la Palabra de Dios dada por el profeta Samuel a David.
Jehová volvió su maldad sobre su propia cabeza, lo hirió, y murió.
Lucas 12:5. «Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.»
- Abigaíl.
Mujer bendita de Jehová, figura de la iglesia. Sabia, prudente, creyó en la Palabra dada por Samuel a David, el cual lo ungió como futuro rey de Israel, aun cuando todavía no se había cumplido.
Se humilló y pidió misericordia. Dadivosa y misericordiosa.
Cargó sobre sí misma el pecado de su esposo impío.
Se declaró a sí misma, una sierva, para lavar los pies de los siervos de su señor.
Renunció a su vida de mujer rica, para servir al ungido de Jehová.
Proverbios 31:30-31. «Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos.»
1 Samuel 26
- El arrepentimiento de Saúl.
Momentáneo, estéril y sin frutos dignos de arrepentimiento.
Decía: Verso 21. «…He pecado; vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera.»
Pero luego volvía a buscar a David para matarlo.
- David: un hombre con temor de Dios.
Dijo David: Verso 23-24. «Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues Jehová te había entregado hoy en mi mano, más yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehová. Y he aquí, como tu vida ha sido estimada preciosa hoy a mis ojos, así sea mi vida a los ojos de Jehová, y me libre de toda aflicción.»
David pudo tener una comprensión de algo que Saúl nunca tuvo: Que Dios pone reyes y quita reyes. Dios puso a Saúl como rey y luego le dijo que lo había desechado. Ungió a David para ser rey, pero David debía esperar que Dios lo instituyera en el trono. Dios no mandó a David a matar a Saúl, y David respetó la autoridad de Dios al respecto, aun cuando sabía que Dios había desechado a Saúl y que, él mismo, era el elegido para sustituirlo. Al igual que Cristo, David esperó en la Palabra de Dios. Hebreos 10:13. “de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.”
En cambio Saúl, actuó en su carne, en su propio celo y en su propia ira para defender su trono, aun cuando sabía que Dios lo había desechado y que David era el elegido.
Recordemos en el capítulo 15 de 1 Samuel, que cuando a Saúl lo mandaron a matar al rey Agag y destruir y acabar a los pecadores de Amalec, él le perdonó la vida a Agag y lo mejor de las vacas y de las ovejas. No ejecutó la orden de Dios y no sintió celo por la Palabra de Jehová.
Pero cuando, se trata de su propio trono y la posibilidad de ser sustituido por David, observemos lo que hace en el ardor de su ira y su celo por defender su autoridad:
1 Samuel 22:18-19. “Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino. Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.”
Tengamos temor de Dios y esperemos el cumplimiento de su Palabra. Limitémonos a obedecer lo que se nos manda a hacer.
- El arrepentimiento bíblico.
Confesión ante el Señor de nuestras faltas y transgresiones a su Palabra, reconociendo nuestra desobediencia.
Conversión con frutos que demuestran que enderezamos nuestros pasos abandonando el pecado y obedeciendo su palabra.
Restitución de faltas ante aquellos que hayamos perjudicado con nuestro pecado.
Permanencia en el obedecer la Palabra y dar frutos de justicia.
1 Samuel 27
- David huye.
Observemos que el temor de David expresado en el verso 1, es justificable y veraz, humanamente hablando. Pero la Palabra de Dios dada a David era de protección ante el poder del enemigo.
Por otro lado, consideremos que, al vivir en la tierra de los filisteos, David también se exponía a la muerte.
Verso 1. «Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de Israel; y así escaparé de su mano.»
Isaías 51:12-16. «Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige? El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan. Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.»
Oremos
Señor danos temor de ti. Enséñanos a esperar el cumplimiento de tu Palabra.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
Nuestra meta
365 días con la Palabra.
Faltan 269
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