1 samuel 19-21

Día 96. Libro 9.

1 Samuel 19

  1. ¿También Saúl entre los profetas?

Este es un tema que, históricamente puede considerarse mal-tratado.

Primero que nada veamos su contenido a la luz de toda la Palabra: porque la suma de la Palabra es la verdad. Recordemos en Salmos 119:160. «La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia.» Y también en Salmos 139:17. «¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!»

Estos textos nos revelan una verdad bellísima e importantísima: Dios derrama su espíritu sobre sus hijos para que hablen su Palabra y así, edificarlos, exhortarlos y consolarlos. En su soberanía, puede incluso tomar a Saul y sus mensajeros para esto, demostrando así su poder. Digamos como Moisés: ¡Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos!

1 Samuel 10:5-7, 10. «Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando. Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo. (…). Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos.»

Números 11:25-26. «Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron. Y habían quedado en el campamento dos varones, llamados el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban éstos entre los inscritos, pero no habían venido al tabernáculo; y profetizaron en el campamento.»

Números 11:29. «Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.»

1 Corintios 14:3. «Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.»

1 Corintios 14:24-25. «Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.»

1 Corintios 14:29-33.  «Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos.»

En todo el libro de Samuel, y en toda la Biblia, vemos claramente la soberanía de Dios. A veces esa soberanía, choca o es contraria, a las doctrinas que hemos aprendido.

La soberanía, poder y justicia, de Dios, se completa con su gran y absoluta misericordia. Esto debe llevarnos a temerle y caer de rodillas agradecidos.

  • Observemos la secuencia y reflexionemos.

Dios sacó a Saul de la nada.

Lo puso por rey.

Saúl desobedece la Palabra y es desechado por Dios.

Cuando el profeta le anuncia el juicio de Dios, Saúl nunca demostró arrepentimiento. Al contrario fue soberbio.

Dios le envía un espíritu inmundo a atormentarlo. Dios lo mandó, no fue Satanás.

También le envía a David, varón ungido y lleno de la Palabra. El cual lo calma momentáneamente.

Lo cual sucederá con todo aquel que no se arrepienta y de frutos dignos de arrepentimiento.

Saúl en lugar de imitarlo y arrepentirse, desea matarlo. Igual que Satán procurando la muerte del ungido de Jehová.

En la persecución, Dios toma a Saúl y su lengua habla palabra de Dios. Dios mismo mandó su Espíritu sobre Saul y este profetizó.

Saúl queda desnudo, así como en realidad estamos delante de Dios.

En lugar de tomar esta oportunidad para arrepentirse y ser sanado y restaurado, Saúl sale de allí a continuar con su plan diabólico de matar al ungido de Jehová.

  • Conclusiones.

Dios envía la enfermedad y la locura. El también es quien trae la sanidad y la salvación.

Dios levanta guerra y espada, y Dios mismo envía la paz.

Dios es Dios Soberano y envía el bien a los que le obedecen.

Pero también Dios mismo envía el mal si endurecemos el corazón para no arrepentirnos.

¿Estaremos aún sin entendimiento? Así estaba Saúl por la dureza de su corazón no arrepentido.

  • ¿Somos como los profetas?

Cualquiera que llegaba hasta ellos, no podía resistir la unción de la Palabra, por más endemoniado que estuviera.

  • Temamos, tomemos ejemplo y caminemos en humildad delante de la Palabra.

1 Corintios 12:11. «Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.» 

Job 12:24. «Él quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra, Y los hace vagar como por un yermo sin camino.»

Job 23:13. «Pero! él es soberano; ¿quién puede hacerlo desistir? Lo que él quiere hacer, lo hace.»

1 Samuel 20

  1. Observemos las características del amor entre David y Jonatán:

Su amistad se selló con un pacto.

David halló gracia ante los ojos de Jonatán.

El alma de Jonatán estaba ligada a la de David.

Jonatán amaba a David como a sí mismo.

Estaban dispuestos a morir el uno por el otro.

Son las características del amor entre Cristo y su Iglesia.

¿Amamos a Cristo y correspondemos a su amor así de este mismo modo, como Jonatán a David?  Jonatán renunció incluso a la posibilidad de ser rey, por amor a David, el rey escogido por el Señor.

  • Hagamos un pacto de Amor con el Señor.

Que nuestra alma se quede ligada a la de Él y que nada pueda separarnos.

Levantemos su nombre, hasta que el Señor haya quitado a sus enemigos sobre la tierra.

Verso 42. » Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre.»

Juan 17:20-23. “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”

1 Samuel 21

  1. ¿Qué tienes a mano?

No tengo pan común a la mano, solamente tengo pan sagrado.

Que esa sea siempre nuestra respuesta para todo aquel que se acerque a nosotros.

Recordemos siempre que tenemos al pan de vida eterna: sólo tenemos pan sagrado.

Oremos

Señor: Que nunca nos falte tu Palabra, nuestro pan del cielo.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

Nuestra meta
365 días con la Palabra.
Faltan 272


YouTube Mirdza Astrid Silva de Rivera

Instagram @mirdzastrid

Facebook 365 días con la Palabra
WordPress 365 días con la Palabra

Twitter @mirdzastrid

Web site:

https://volveralapalabra.wordpress.com

Deja un comentario