1 Samuel 1-3

Día 89. Libro 9.

1 Samuel 1

  1. Observemos las figuras.

La mujer como figura de la iglesia. Apocalipsis 21:2. “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido”

El marido es figura de Dios. Jeremías 3:14. “Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo…”

Mateo 9:15. “Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.”

  • Tomando esa alegoría, Ana representa a aquella iglesia que, aunque estéril, sufre, gime y se aflige por su esterilidad, y es amada por su Marido.

Ana podía escoger entre lamentarse o clamar a Dios, y escogió lo segundo, oró, lloró abundantemente e hizo voto, y después de esto no estuvo más triste.

  • Elí con sus ojos naturales no lograba diferenciar entre una mujer atribulada y una ebria.

El sacerdote Elí, por su parte, nos enseña cómo un líder tiene que cuidar su obediencia y testimonio.

1 Samuel 2

  1. La oración de Ana.

Es la oración de la Iglesia que arde en su corazón desea ser fértil y el Señor escucha su clamor. Su corazón, su poder y su boca, toda ella se regocija sólo en Jehová. Dios es su único refugio y salvación.

Jesús le dijo en Mateo 22:37. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.”

  • Penina.

Podemos ver en ella a la Iglesia que si tiene hijos, es muy “bendecida”, cumple los ritos, pero no clama con angustia, ni dedica sus hijos al Señor. Y peor aún, se burla y aflige a otros.

I Samuel 2:3. “No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; Porque el Dios de todo saber es Jehová, Y a él toca el pesar las acciones.”

¿Qué tipo de Iglesia somos nosotros? ¿Somos como Ana o como Penina?

  • Los hijos de Elí.

Eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.  Verso 12. Nada menos que los sacerdotes del Dios Altísimo no conocían al Señor. Por eso todas sus acciones estaban dirigidas a apropiarse de lo mejor de las ofrendas y diezmos. ¿Estará sucediendo esto hoy en día en el Pueblo de Dios?

  • ¿Reprendió Elí a sus hijos?

El varón que Dios envió le dijo: I Samuel 1:29. “¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?”

La profecía de este varón se cumple en los tiempos de Salomón: 1 Reyes 2:27. “Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.”

1 Samuel 3

  1. El problema del Pueblo de Dios.

1 Samuel 3:1. “La palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.”

No porque la Palabra fuera inaccesible, sino porque las personas la ignoraban o la desechaban.

2 Reyes 17:15. “Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas.”

  • El resultado de desechar la Palabra.

I Samuel 3:2. “Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver.”

Isaías 42:19. “¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová.”

El otro efecto es que la lámpara de Dios es apagada.

I Samuel 3:3. “Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada.” A pesar de que la orden era que ardieran continuamente: Éxodo 27:20. “Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.”

Y cuál es esa lámpara? Salmos 119:105. “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.”

  • La sentencia contra la casa de Elí.

I Samuel 3:13. “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.”

Esta aseveración contradice nuestra tradición muy difundida de que a nuestros hijos no los debemos obligar a obedecer a Dios. Aquí dice que Elí no los estorbó. ¿Estamos estorbando a nuestros hijos para impedirles pecar y hacer lo malo? Elí recibió dos advertencias: por medio del varón de Dios, en el capítulo 2 y ahora por Samuel. ¿Sera que Eli prestará atención y se arrepentirá? Mañana lo sabremos.

  • Digamos como Ana.

Versos 2:2-10. “No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio como el Dios nuestro. No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; Porque el Dios de todo saber es Jehová, Y a él toca el pesar las acciones. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, Y los débiles se ciñeron de poder. Los saciados se alquilaron por pan, Y los hambrientos dejaron de tener hambre; Hasta la estéril ha dado a luz siete, Y la que tenía muchos hijos languidece. Jehová mata, y él da vida; El hace descender al Seol, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece. Él levanta del polvo al pobre, Y del muladar exalta al menesteroso, Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él afirmó sobre ellas el mundo. Él guarda los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte por su propia fuerza. Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, Y sobre ellos tronará desde los cielos; Jehová juzgará los confines de la tierra, Dará poder a su Rey, Y exaltará el poderío de su Ungido.”

Oremos

Padre Santo, ten misericordia de nosotros, una vez más. Abre nuestros ojos espirituales, sana la ceguera y danos el entendimiento de tu Palabra.

Háblanos, queremos escuchar. Límpianos de toda sordera y maldad. Quita nuestra esterilidad, danos hijos Señor, quita nuestra afrenta. Que nuestros enemigos no puedan burlarse de nosotros.

Padre, ayúdanos a honrarte con temor y obediencia. Que podamos decir: Habla, Jehová, porque tu siervo oye.

Levántanos del sueño para oír tu voz. Manifiéstate a nosotros por tu Santa Palabra.

Danos el valor y la sabiduría para estorbar a aquellos hijos que no te honran. Señor, tu expiaste nuestras iniquidades con tu sacrificio y la ofrenda de tu propia vida, ayúdanos a corresponderte y serte fieles, conforme a tu gran bendición.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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