Jueces 15-17

Día 85. Libro 7.

Jueces 15

  1. La causa de la maldición.

¿No sabes tú que los filisteos dominan sobre nosotros? ¿Por qué nos has hecho esto? Estas son las razones:

Deuteronomio 28:13. “Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas.”

Deuteronomio 28:47-48. “Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.”

Salmos 106:41. “Los entregó en poder de las naciones, Y se enseñorearon de ellos los que les aborrecían.”

  • ¿Qué tenemos que hacer para que caigan las ataduras?

No solo tenemos que orar para que sean destruidas, tenemos que despojarnos del pecado en nuestras vidas para que así como cayeron las cuerdas que ataban a Sansón, seamos libres.

Confesemos el pecado y el Espíritu de Jehová vendrá sobre nosotros y caerán las ataduras, y se volverán como lino quemado con fuego.

Jueces 16

  1. Sansón.

Observemos la gran fuerza de Sansón, capaz de arrastrar las puertas de la ciudad de los enemigos del pueblo de Dios. ¿Cómo podemos recibir un poder así en nuestra lucha contra el pecado?

  • Observemos también a Jesús, nuestro Salvador.

¿En qué consistió su fuerza para vencer? Se hizo obediente hasta la muerte.

Filipenses 2:5-8. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

  • Los enemigos del pueblo de Dios se propusieron saber en qué consistía la gran fuerza de Sansón y cómo podía ser vencido.

Al igual que Jesús, Sansón era nazareo, apartado desde el vientre de su madre.

Su gran fuerza lo abandona, cuando pierde su condición de nazareo.

¿Esto es una figura de lo que nos sucede cuando nos apartamos de la santidad y obediencia a la Palabra?

Proverbios 4:20-23. “Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.”

Jueces 17

  1. El pueblo de Dios había dejado la Palabra de Jehová.

Esto se llama literalmente andar según su propia manera de pensar, o como dice la Palabra, tras la imaginación de su corazón.

Verso 6. “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.”

Jeremías 9:14. “Antes se fueron tras la imaginación de su corazón, y en pos de los baales, según les enseñaron sus padres.”

Jeremías 11:8. “Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron.”

Jeremías 16:12. “Y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su malvado corazón, no oyéndome a mí.”

Proverbios 29:18. “Sin profecía el pueblo se desenfrena; Mas el que guarda la ley es bienaventurado.”

Salmos 12:4. “Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, Y la lengua que habla jactanciosamente. A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos; Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?”

Jeremías 44:16-17. “La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno.”

Oremos

Señor no permitas que andemos según nuestra propia manera de pensar, haznos volver a tu Palabra.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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