deuteronomio 25-27

Día 65. Libro 5.

Deuteronomio 25

  1. Los azotes.

Revisemos el tema en el Nuevo Testamento: Jesús, nuestro Señor y maestro, fue azotado: Mateo 27:26. “Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.”

Los apóstoles fueron azotados por causa del testimonio de Cristo: Hechos 5:40. “Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad.”

Pablo y Silas recibieron muchos azotes, por causa del testimonio de Cristo: Hechos 16:2. “Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.”

Por causa del testimonio de Cristo, seremos entregados para ser azotados: Mateo 10:17-18. “Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.”

El mayordomo infiel e imprudente, que no haga conforme a la Palabra, recibirá muchos azotes. Lucas 12:47-48. “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.”

Finalmente meditemos en nuestro llamado a padecer: 1 Pedro 2:19-25. “Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.”

Deuteronomio 26

  1. Al entrar a la Tierra Prometida.

Debemos tomar de las primicias de todos los frutos que sacamos de la Palabra y compartirlos, en el lugar que Jehová nuestro Dios ha escogido para hacer habitar allí su nombre: El cuerpo de Cristo. Observemos que se hace mención especial de dar de esos frutos al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda.

  • Nuestro testimonio.

Hemos sido libertados de la esclavitud del pecado. Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión. Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Aleluya! ¡Bendito sea su nombre!

  • Te alegrarás.

Observemos que esa alegría es por todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa.

  • Declaraciones bíblicas:

Este día el Señor tu Dios te manda que cumplas estos estatutos y decretos. Ten cuidado de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma. Este día declaras solemnemente que el Señor es tu Dios, que andarás en sus caminos y cumplirás sus estatutos, mandamientos y decretos, y que obedecerás su voz. El Señor declara que tú eres su pueblo, su posesión exclusiva, tal y como te lo ha prometido.

Versos 16-19. “Cumple todos sus mandamientos; y exáltalo sobre todas las naciones que él ha creado, para que seas un pueblo santo al Señor tu Dios, digno de alabanza, renombre y gloria, como él lo ha dicho.”

Deuteronomio 27

  1. La piedra viva.

1 Pedro 2:4-5.  “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

Estamos llamados a ser las piedras donde el Señor puede llegar a escribir todas las Palabras de su ley.

  • Guarda silencio y escucha.

Hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios. Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.

  • Maldiciones especificas por desobedecer la Palabra.

Y hablarán los levitas, y dirán a todo varón de Israel en alta voz.

Al hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto.

Al que deshonrare a su padre o a su madre.

Al que redujere el límite de su prójimo.

Al que hiciere errar al ciego en el camino.

Al que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda.

Al que se acostare con la mujer de su padre, por cuanto descubrió el regazo de su padre.

Al que se ayuntare con cualquier bestia.

Al que se acostare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre.

Al que se acostare con su suegra.

Al que hiriere a su prójimo ocultamente.

Al que recibiere soborno para quitar la vida al inocente.

Al que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.

  • Cristo nos redimió de la maldición de la Ley.

Lo cual no nos exime de obedecer la Palabra.

Gálatas 3:10-14. «Porque todos los que son de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: «MALDITO TODO EL QUE NO PERMANECE EN TODAS LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY, PARA HACERLAS. Y que nadie es justificado ante Dios por la Ley es evidente, porque «EL JUSTO VIVIRA POR LA FE.» Sin embargo, la Ley no se basa en la fe. Al contrario, «EL QUE LAS HACE, VIVIRA POR ELLAS.» Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: «MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO,» a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los Gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe.”

Oremos

Señor dígnate asomarte desde el cielo, desde tu santa mansión, y bendice a tu pueblo. Bendice la tierra que nos has dado, tierra que fluye leche y miel, tal y como se lo juraste a nuestros padres. Clamamos a ti, Jehová, gracias por oír nuestra voz, y ver nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión. Gracias por sacarnos de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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