Deuteronomio 18-21

Día 63. Libro 5.

Deuteronomio 18

  1. Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da.

NO aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; más a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. Versos 9, 14.

  • ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?

Verso 22. “Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.”

Deuteronomio 19

  1. El ensanchará tu territorio.

Si amas al Señor, guardas los mandamientos, los obedeces y andas en sus caminos.

Versos 8-9. “Y si Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como lo juró a tus padres, y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres, siempre y cuando guardares todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy, para ponerlos por obra; que ames a Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos los días; entonces añadirás tres ciudades más a estas tres.”

  • La ley del ojo por ojo. Su objetivo.

Se aplicaría a aquel, que mintiendo, testifique falsamente en contra de su hermano. El objetivo de esta ley era lograr temor de Dios entre la congregación. Ver los versos 18-21.

  • Observemos las medidas bíblicas para corregir el pecado:

El pecado se corrige desde «temprano», es decir, desde el principio. Proverbios 13:24. «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.»  

Ingredientes imprescindibles para corregir el pecado: Basados en la Palabra, la misericordia, el perdón y el temor de Jehová. Proverbios 16:6. «Con misericordia y verdad se corrige el pecado, Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.”

La respuesta que damos al ser exhortados y corregidos: Nuestra conducta demuestra cuál es la madurez de nuestro carácter. ¿Respondemos con humildad cristiana, nos arrepentimos y mostramos sabiduría? O por el contrario, ¿Difamamos, manchamos y aborrecemos al que nos reprende? Entonces nuestro carácter es de impío y escarnecedor. Proverbios 9:7-8. «El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; El que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; Corrige al sabio, y te amará».  

Observemos que: Descanso y alegría tendrán las familias y las iglesias que corrigen el pecado. Proverbios 29:17. «Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará alegría a tu alma.»  

Se necesitan palabras y también acciones para corregir: Proverbios 29:19. «El siervo no se corrige con palabras; Porque entiende, mas no hace caso.» 

Revisemos los pasos necesarios y bíblicos para exhortar y corregir el pecado:  Están en Mateo 18:15-17. «Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.»  

  • El Señor corrige. El caso de Ananías y Safira es un ejemplo.

Ellos quisieron mentir al Espíritu Santo. Ver Hechos 5:1-11. Dice en el 11, «Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.»

Consideremos también estos textos: Tito 3:11. «Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.»

1 Corintios 5:11-13. «Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.»

Deuteronomio 20

  1. Nuestros verdaderos enemigos.

En la tierra prometida son todas aquellas cosas que existen en nosotros y que nos conducen al pecado, afectando nuestra nueva vida en Cristo e impidiendo nuestro crecimiento espiritual en el reino de los cielos. Observemos en este capítulo todo lo que se nos enseña al respecto:

Luchar contra el pecado que habita en nosotros es una batalla necesaria.

Necesitamos valor para reconocer a nuestros enemigos internos y exterminarlos.

Si somos medrosos y pusilánimes no podemos ganar la guerra contra nuestro propio pecado.

Sólo los valientes arrebatan el reino de los cielos.

Todo aquel que tenga otras prioridades y no pueda enfrentar esta batalla puede contaminar y apocar el corazón de los que están luchando.

El Señor dice que consideres lo que te impida ser discípulo y renuncies a eso, porque si no, no puedes entrar a la guerra. Ver Lucas 14:25-33 y 9:23-27.

Él nos dará la victoria. Verso 4. «Porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.»

  • Los árboles que no llevan fruto.

Al tomar posesión de la Tierra Prometida necesitas destruir y talar los árboles que no llevan fruto.  Evaluemos todas aquellas cosas en nuestra vida que pueden afectar nuestro crecimiento y si son o no, conforme a la Palabra: Si dan fruto, podemos conservarlas. Si no edifican, hay que destruirlas y talarlas.

Deuteronomio 21

  1. Así quitarás el mal de en medio de ti.

Y todo Israel oirá, y temerá. Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, lo harás morir, y lo colgarás en un madero.

  • Nuestro amado Cristo, fue colgado en lugar nuestro.

Gálatas 3:13. «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).»

Isaías 53:3-5.  «Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»

Oremos

Señor, perdona nuestro pecado. Limpianos más y más de nuestra maldad.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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