Día 35. Libro 3.
Levítico 5
- ¿Debemos cargar con la culpa?
Salmos 32:1-9. «Feliz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo. Feliz el hombre que no es mal intencionado y a quien el Señor no acusa de falta alguna. Mientras no confesé mi pecado, mi cuerpo iba decayendo por mi gemir de todo el día, pues de día y de noche tu mano pesaba sobre mí. Como flor marchita por el calor del verano, así me sentía decaer. Pero te confesé sin reservas mi pecado y mi maldad; decidí confesarte mis pecados, y tú, Señor, los perdonaste. Por eso, en momentos de angustia los fieles te invocarán, y aunque las aguas caudalosas se desborden, no llegarán hasta ellos. Tú eres mi refugio: me proteges del peligro, me rodeas de gritos de liberación. El Señor dice: «Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir. No seas como el mulo o el caballo, que no pueden entender y hay que detener su brío con el freno y con la rienda, pues de otra manera no se acercan a ti.»
Levítico 6
- El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.
Examinemos nuestra vida a la luz de la Palabra. ¿Cuáles son los pecados que apagan el fuego de nuestro altar? Confesar nuestros pecados es una condición para mantener el fuego del altar encendido. Ciertamente necesitamos mantenernos limpios de toda contaminación y del pecado que nos asedia. Añadir leña al fuego cada mañana, añadir la Palabra a nuestra vida cada día. David decía que en su alma, su pecado era como aguas caudalosas pero que cuando confesó sus pecados éstas no llegaron a él. También preguntémonos si debemos restituir a alguien.
Lucas 12:35. «Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas.»
Filipenses 2:15. «Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo».
Mateo 25:1. «Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.»
Mateo 5:16. «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»
Salmos 119:105. «Nun. Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.»
Salmos 119:11. «En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.»
Levítico 7
- Rociará su sangre alrededor sobre el altar.
1 Pedro 1:2. «Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.»
Hebreos 12:24. «A Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.»
Hebreos 9:19-22. » Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Ésta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.»
- Como el sacrificio por el pecado, así es el sacrificio por la culpa; una misma ley tendrán.
Isaías 6:7. «Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.»
Oremos
Señor gracias por llevar nuestras culpas y perdonar nuestro pecado. Que arda tu Palabra en nuestro corazón por siempre.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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