Día 23. Libro 2.
Éxodo 10
- Las plagas. Su significado inconmovible.
Las plagas son un castigo de Dios y su fin es que entendamos que no hay otro como el Señor en toda la tierra.
Como dice el capítulo 9:15-16 “Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pueblo de plaga, y serás quitado de la tierra. Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra.”
Observemos que los encantadores y adivinos comenzaron imitándolas, pero sólo Jehová Dios las puede quitar y restaurar todo. Finalmente los encantadores tuvieron que reconocerlo: «dedo de Dios es este».
Revisemos exhaustivamente cada una de las plagas:
1ª plaga: el agua convertida en sangre. Resultado: muerte, corrupción, pestilencia y asco.
2ª plaga: ranas. Suben, cubren la tierra, entran e invaden todo. Al morir, hacen apestar la tierra.
3ª plaga: piojos. Sustraen progresivamente y a cuentagotas, la sangre, que representa la vida del ser humano.
4ª plaga: toda clase de moscas. Y la tierra fue corrompida a causa de ellas.
5ª plaga: muere el ganado de Egipto. El ganado sustenta la vida de los pueblos.
6ª plaga: sarpullido con úlceras en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto.
7ª plaga: truenos, lluvia, granizo muy pesado y fuego, sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto.
8ª plaga: langostas. Se metió en las casas, cubrieron la faz de todo el país, y oscurecieron la tierra; consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; no quedó cosa verde en árboles ni en la hierba del campo, en toda la tierra de Egipto.
9ª plaga: tinieblas.
10ª plaga: muerte de los primogénitos. Morirá todo primogénito en tierra de Egipto.
Las plagas son la consecuencia ineludible del pecado y representan una progresión de la destrucción de todos los hombres, las familias, los gobernantes y los pueblos impíos y soberbios que no oyen, ni obedecen la palabra de Dios. Comienzan a destruir los elementos más básicos de la vida y que pueden enfrentarse temporalmente con evasiones y soluciones humanas. Pero nunca pueden resolverse, ni sanar, ni limpiarse fuera de la Palabra de Dios. Una vez que el deterioro de la rebeldía avanza en el corazón del hombre, su fin se encamina hacia la muerte eterna. Finalmente la plaga del pecado alcanza lo que más amamos: nuestra propia descendencia. Las plagas de Egipto simbolizan también el propio desarrollo y evolución de la humanidad perversa y dura de corazón. Las plagas comienzan por el agua, afectando la capacidad de arrepentirse y ser lavados por la sangre de Cristo y el necesario y continuo lavamiento por la Palabra, ante el cual todo ser humano debe someterse permanentemente, con humildad y con sed de entender y obedecer. Las plagas continuarán cayendo en la mente de todo aquel que, rebelde y soberbiamente, se enseñoree con autoridad humana, sin someterse a la verdadera autoridad eterna: la autoridad de la Palabra de Dios. Al igual que la lepra, las plagas comienzan siendo invisibles, pero avanzan y se muestran haciendo visible su alcance. Aunque a los ojos humanos esto es realmente invisible, primero actúan en la mente y el corazón, destruyendo a su lado todo vestigio de cosa verde y viva, toda la Palabra sembrada en ese ser. Aquel que no escucha las advertencias y exhortaciones de la Palabra, camina hacia esa dirección. Es evidente que éste deterioro es personal y puede progresar diferencialmente, pero es indetenible e inexorable si no se produce el arrepentimiento. Sólo Dios puede dar la orden de misericordia. Recordemos que en Cristo Jesús ya fuimos perdonados, limpiados y sacados de Egipto, no retrocedamos. En conclusión las plagas representan el progresivo desarrollo del deterioro en la mente de todo aquel que no se humilla, no se somete a la Palabra y por lo tanto no la entiende.
Romanos 1:18-32. «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.»
- ¿Porque debemos salir de Egipto?
En Egipto no podemos adorar al Señor, ni servirlo, ni podemos enseñar a nuestro hijos el camino del Señor. «No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los egipcios.» 8:26. En Egipto reina Faraón, el icono de la impiedad, la soberbia, la sordera y la dureza de corazón y definitivamente Egipto está destruido por las plagas, y es objeto del castigo y la ira de Dios.
- Salir de Egipto.
Es salir de la muerte, la desobediencia, la impiedad, la soberbia, la sordera y la dureza de corazón. Es salir de la falta de entendimiento para comerse el cordero y celebrar la Pascua. Es salir del mundo para entrar a la tierra prometida: la vida, la que fluye leche y miel, la Palabra de Dios. Definitivamente es salir de la muerte para entrar a la vida eterna, entrar en la Palabra, en la sabiduría de Dios, en las obras preparadas desde antes de la fundación del mundo. Para salir de Egipto debemos hacerlo como ordena el Señor. Observemos que el enemigo quiere que vayamos sin los niños y sin la familia, pero esa no es la voluntad del Señor sino la del enemigo y no lo podemos complacer. Verso 9. «Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová.»
- Los faraones de nuestra vida.
El principal enemigo son nuestros propios argumentos, la manera de pensar que es contraria al conocimiento del Señor, todo aquello que nos impide creer, servir y adorar a nuestro Señor. 2 Corintios 10:5. «Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.»
- El mandamiento del Señor para padres y abuelos.
Éxodo 10:2. «y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos; para que sepáis que yo soy Jehová».
Éxodo 11
- La dureza del corazón:
Catorce (14) versículos en los capítulos 7-12 refieren insistentemente que Dios endureció el corazón de faraón y que este no lo escuchó para dejarlos ir. Este es un tema vital. Endurecer el corazón es no querer oír su Palabra para obedecerla. Al contrario, no endurecer el corazón es: escuchar para entender, obedecer y dar fruto. Ver Mateo 13:3-23.
Éxodo 12
- Comer a Cristo el cordero.
Es comerse la Palabra. ¿Cómo debe hacerse? Al principio de los meses del año, por familia, sin defecto, tomarán de la sangre, todo, asado al fuego, con panes sin levadura, con hierbas amargas, ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, vuestro bordón en vuestra mano, por fiesta solemne, costumbre y estatuto perpetuo en vuestras generaciones. Recordemos que cada rito representa una parábola de una verdad inconmovible y eterna.
Oremos
Padre, quita la dureza de nuestro corazón. Danos espíritu de sabiduría y revelación para conocerte y obedecerte.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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