éxodo 30-32

Día 30. Libro 2.

Éxodo 30

  1. La santa unción.

Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa.

Números 18:8. “Dijo más Jehová a Aarón: He aquí yo te he dado también el cuidado de mis ofrendas; todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y a tus hijos, por estatuto perpetuo.”

Isaías 10:27. “Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.”

1 Juan 2:20. “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.”

1 Juan 2:27. “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.”

  • Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria.

Apocalipsis 21:22-23.  » Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.» 

Éxodo 31

  1. Besaleel.

Lleno del espíritu de Dios, de sabiduría, entendimiento, conocimientos, capacidad creativa, para hacer diseños y trabajos en oro, plata y bronce, para tallar y montar piedras preciosas y para tallar madera y hacer cualquier trabajo en la edificación del tabernáculo.

Éxodo 32

  1. Moisés.

El Moisés que es figura de Cristo: Observemos el profundo contraste entre el Moisés que está en el monte con Dios y el Moisés que sale de la presencia de Dios y se encuentra con el desenfreno y el pecado del pueblo. El primero le recuerda a Jehová su Palabra, el pacto de la promesa dada a Abraham e Isaac. Ora e intercede ante el Padre, al punto de lograr que Jehová se arrepienta del mal que dijo que había de hacer a su pueblo. El segundo rompe las tablas de la ley escritas con el dedo de Dios. ¿Actuamos igual?

Hechos 7:38. «Éste es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos.»  

  • Aaron.

Apartado y ungido para el sacerdocio, para ministrar la Palabra de Dios. ¿Por qué no estaba en el monte con Moisés? Nótese el contraste entre los versos 3-4 y el 24. Aaron labra un becerro y luego dice que «eso salió del fuego». ¿Acaso le importó más mantener su liderazgo entre el pueblo, que obedecer la Palabra? Examinemos nuestro corazón porque seremos probados y pueden salir de nosotros cosas como estas. ¿Nos importa más regocijarnos en lo terrenal, nuestras interpretaciones humanas y las obras de nuestras manos o regocijarnos en la Palabra eterna? ¿Tenemos falsos dioses que van delante de nosotros, en lugar de la Palabra? Veamos cómo lo interpretó el Señor en Hechos:

Hechos 7:41. «Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron.»  

  • El pueblo de Dios.

Duros de corazón, incircuncisos, sordos, desobedientes, desecharon la Palabra y resistieron al Espíritu Santo.

Hechos 7:39. «Al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto.»  

Hechos 7:51. «¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.»  

  • El becerro de oro.

¿Acaso el becerro representaba a Jehová?  Versos 4-5. ¿Será que aquello que adoramos y creemos en nuestra vida cristiana, no es igual a la Palabra? ¿Nos regocijamos en las obras de nuestras manos en lugar de regocijarnos en la obediencia a la Palabra?

Oremos

Señor: haznos como Besaleel. Para hacer todo lo que nos has mandado en tu Palabra. Para edificar tu cuerpo con piedras preciosas y eternas. Llénanos de la creatividad del Espíritu Santo para entender y enseñar tu Palabra. Padre clamamos por nuestras familias, nuestras iglesias y por nuestro pueblo. Perdona nuestro pecado Señor, la dureza de nuestro corazón y cuando nos resistimos al Espíritu Santo. Abre nuestros oídos. Perdona nuestra idolatría, nuestro doble ánimo y nuestra desobediencia y rebeldía a tu Palabra. Señor vuélvete del ardor de tu ira, arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de tu Palabra y tu misericordia en Cristo Jesús, de tu pacto, que has jurado por ti mismo, y nos has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. No nos abandones en nuestro pecado.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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