Día 7. Libro 1.
Génesis 21
- Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.
Mateo 24:35. «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.»
- En Isaac te será llamada descendencia.
Gálatas 4:28. «Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.»
- El Señor escucha a su amada esposa.
Verso 12. “En todo lo que te dijere Sara, oye su voz.”
- Agar. La alegoría.
Gálatas 4:22-31. “Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, y otro de la libre. Pero el de la sierva nació según la carne; más el de la libre lo fue por la promesa. Lo cual es una alegoría; porque éstos son los dos pactos; el uno del monte Sinaí, el cual engendra para servidumbre; el cual es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, que corresponde a la que ahora es Jerusalén, y está en servidumbre con sus hijos. Mas la Jerusalén de arriba es libre; la cual es la madre de todos nosotros. Porque está escrito: Alégrate estéril, tú que no das a luz: Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto, porque más son los hijos de la dejada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que nació según la carne, perseguía al que nació según el Espíritu; así también es ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo; porque el hijo de la sierva no será heredero con el hijo de la libre. Así que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.”
Verso 13. “Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu simiente.”
- Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo.
Romanos 4:16-25. » Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación».
Génesis 22
- Ofrece a tu hijo a quien amas en holocausto.
¿Qué harías ante semejante petición? ¿Es una petición que jamás podríamos responder? Abraham podía argumentar miles de razones para no obedecer. Isaac es el hijo de LA PROMESA. ¿Cómo se cumplirá la promesa si lo sacrifico? Pero el gigante de la fe, nuestro Padre espiritual, dijo: Heme aquí. La verdad: Abraham obedeció porque creía que Dios cumpliría su Palabra. Hebreos 11:17-19. «Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.» Esa debe ser nuestra respuesta ante la Palabra del Señor. Él nos llama a diario y nos pide obediencia. Necesitamos humildad de corazón y disposición para obedecer la Palabra del Señor. Tener la fe de Abraham consiste en creer que Dios cumple su Palabra y obedecerla.
- La parábola.
Verso 7. “¿Dónde está el cordero para el holocausto?» Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y así fue. En realidad todo es una Parábola. Dios se proveyó un sacrificio: El Cordero inmolado, Cristo, nuestro amado salvador. Nuestra PROMESA de Salvación, Cristo, el hijo de Dios, fue realmente ofrecido en holocausto. Dios ofrendó en sacrificio vivo a su hijo amado, lo entregó por amor a nosotros, para salvarnos.
- Hagamos un alto.
Reflexionemos en el amor de Dios. Démosle gracias por sacrificar a su hijo por amor a nosotros, pecadores, que no merecemos este don recibido. Hagamos el propósito de vivir agradecidos eternamente, por este don inmerecido.
- El resultado de la obediencia.
No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Génesis 22:16-18. «Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz». Y así fue. Nosotros somos hijos de esa promesa.
- Finalmente hagamos esta reflexión.
Tradicionalmente esta historia se asocia con el sacrificio de cosas que tenemos y amamos, cosas que están afuera de nosotros. Pero realmente La Palabra de Dios nos enseña que para obedecerla, para creerla y entenderla, necesitamos sacrificar en el altar del holocausto, nuestro entendimiento del mundo, incluyendo, la forma de entender a Dios. Nuestro ser, nuestra manera de pensar y nuestros pensamientos, nuestros razonamientos. Eso es lo que realmente más amamos en la vida y lo cual no vemos, pero, en realidad, es nuestro gran tesoro. Romanos 12:1-2. «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Génesis 23
- Sara es un ejemplo para nosotros como iglesia.
Isaías 51:2 «Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué.”
1 Pedro 3:6. “Como Sara obedecía a Abraham, llamándolo señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza».
- Fuerza para concebir.
Hebreos 11:11. “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Sara recibió fuerza por creer en la Palabra y obedecerla. Fuerza para concebir, para vivir, para criar a ese hijo de La Promesa. Esa es la fe y la fuerza que necesitamos como iglesia. Para engendrar hijos espirituales, criarlos y verlos madurar. Si la matriz de la iglesia está estéril como la de Sara, necesita fuerza para concebir. Esa fuerza la puede recibir por la fe en la Palabra. Como iglesia, al igual que Abraham y Sara hemos sido llamados y bendecidos. Necesitamos ser multiplicados.
Oremos
Somos tus siervos Señor. Danos fuerzas para concebir tus hijos y multiplicarnos como una gran nación. Señor necesitamos la obediencia de Abraham. Dame ese temor, capaz de no rehusarme a obedecerte.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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