Cristo se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Verso 4. Consiste en la revelación de Jesucristo, por la voluntad del Padre a través del Espíritu Santo. Versos 12,15-16. Busca el favor de Dios, y trata de agradarlo solo a Él. Verso 10. Lo reciben aquellos que son apartados desde el vientre de su madre, y que son llamados por su gracia, a los cuales Dios desea revelar a su Hijo. Verso 15. Dios el Padre revela a su hijo Jesucristo a sus siervos, para que sea predicado entre los que no le conocen. Verso 16. Glorifica a Dios en nosotros. Verso 24.
¿Existe un «evangelio diferente»?
No hay otro mensaje. Ojo: Hay quienes quieren cambiar la buena noticia de Jesucristo, y confundir.
El falso evangelio.
Se recibe y se aprende de los hombres. Busca el favor de los hombres, no el de Dios. Trata de agradar a los hombres. Proviene de interpretaciones humanas y no de la revelación de Jesucristo. Viene a consecuencia de alejarse de las verdades inconmovibles de la Palabra. Verso 6.
Gálatas 2
La circuncisión.
Nada terrenal podrá salvarnos. Romanos 2:28-29. “Porque no es judío el que lo es por fuera; ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en el interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; cuya alabanza no es de los hombres, sino de Dios.”
Desechar la gracia.
Confiar en la justificación a través de lo movible. Es desechar el reino inconmovible y por ende, la gracia de Dios y la muerte de Cristo en la cruz del calvario. Verso 18. «… si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago».
Gálatas 3
La verdadera necedad e insensatez.
Depender de las obras humanas para salvarte. Eso es estar bajo maldición.
La verdadera justificación.
Cristo nos redimió de la maldición de la ley. Él, fue hecho por nosotros maldición. Está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero. En Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanza a los gentiles. Por la fe recibimos la promesa del Espíritu.
Oremos.
Gracias Señor por redimirnos de la maldición de la ley y alcanzarnos con tu perdón.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Figura de la iglesia engañada, quien se extravió de la sincera fidelidad a Cristo. Igual como la serpiente engañó a Eva, la iglesia es engañada hoy por la astucia de los que adulteran la Palabra de Dios. La iglesia se extravía cuando pierde su discernimiento de la Palabra y quita la mirada del reino inconmovible, entonces su visión del mundo la obtiene por medio de los sentidos. Eva se extravió de la sincera fidelidad a Cristo, así le pasa a la iglesia inmadura, al cristiano que no entiende ni obedece, ni ejercita sus sentidos espirituales para discernir la diferencia entre el bien y el mal, entre la verdad bíblica y la sutil mentira satánica disfrazada de luz. La cura de la inmadurez espiritual es crecer en el conocimiento del bien y del mal, usar la mente de Cristo para entender y obedecer la Palabra de verdad en su significado verdadero e inconmovible. Hebreos 5:11-14. “Y todo el que participa de la leche es inhábil en la palabra de la justicia, porque es niño. Más el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y el mal.”
Observemos la astucia de la serpiente.
La astucia como falsedad que te conduce al desvío de la Palabra. Salmo 119:118. La astucia de los hipócritas que usan su apariencia de piedad para invitarte a quitar tu mirada del reino de los cielos y ponerla en las cosas movibles y de este mundo, tentándote, e incitándote a la desobediencia. Lucas 20:23. La astucia a partir de la sabiduría de este mundo que es insensatez para con Dios. 1 Corintios 3:19. Y por último, la astucia que adultera la palabra de Dios en forma oculta, 2 Corintios 4:2.
La advertencia.
Así como la serpiente engañó a Eva, así también los ministros de oscuridad se disfrazan y aparentan ser ministros de justicia. Versos 13-15.
2 Corintios 12
Aprendamos a gozarnos y gloriarnos en las debilidades y tribulaciones.
Cuando somos débiles, entonces somos fuertes. Dice el Señor: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.
Cuando Cristo vuelva.
¿Nos hallará como Él quiere? ¿Hallará entre nosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias y desórdenes?
2 Corintios 13
Los que practican el pecado.
¿Será indulgente el Señor con los que viven en pecado?
Examínate.
¿Estás en la fe?, ¿te conoces a ti mismo?, ¿está Jesucristo en ti? o ¿estás reprobado?
El Señor nos ha escrito estando ausente, para no usar de severidad cuando esté presente.
La autoridad de la Palabra que el Señor nos ha dado es para edificación, y no para destrucción.
Busquen la perfección en la Palabra.
Tengan gozo, consuélense, sean de un mismo sentir, vivan en paz y el Dios de paz y de amor estará con ustedes.
Oremos.
Señor que tu gracia, tu amor y la comunión del Espíritu Santo sea con todos nosotros.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Una verdad, totalmente opuesta a los paradigmas de este mundo.
Nuestro Señor Jesucristo siendo rico, se hizo pobre, por amor. Con su pobreza fuimos enriquecidos.
Una prueba de amor.
La abundancia nuestra debe suplir la escasez de los hermanos. La abundancia de los hermanos debe suplir la necesidad nuestra. Como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos». Observemos cómo se manifestó la gracia inconmovible, en lo movible: las iglesias de Macedonia; aun estando en profunda pobreza y grande prueba de tribulación, tenían abundancia de gozo y abundaron en riquezas de su generosidad.
2 Corintios 9
Recibamos la exhortación.
Ensanchemos el corazón y también nuestra capacidad de dar con generosidad.
La ley de la siembra y la cosecha.
El que siembra escasamente, también segará escasamente. El que siembra generosamente, generosamente también segará. Amar, entender y obedecer la Palabra nos hace ricos para dar, porque nadie puede dar lo que no tiene. Meditemos en nuestros caminos y hagamos frutos dignos de arrepentimiento.
Su don inefable.
Cristo Jesús, nuestro salvador. Demos gracias al Señor. Entendamos la directa relación que hay entre estar agradecidos al Señor por salvarnos y dar con liberalidad. Observemos que la Palabra asegura que en Cristo, estamos enriquecidos en todo y por eso podemos abundar en toda liberalidad.
2 Corintios 10
Les ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo.
Tengamos presente que el Señor nos ruega con su mansedumbre y ternura para que seamos obedientes, pero Él también puede ser osado para corregirnos.
Observemos esto y consideremos.
El Señor está presto a castigar toda desobediencia. Somos nosotros quienes debemos actuar en el cuerpo de Cristo para corregir el pecado, conforme a la Palabra. Para castigar la desobediencia, nuestra obediencia debe ser perfecta. La autoridad del Señor, para corregir el pecado, se ejerce para edificación y no para destrucción.
Las fortalezas por derribar.
Argumentos contra la obediencia a Cristo y su Palabra. Toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios.
¿Qué es rebeldía a la Palabra?
No querer escuchar al Señor. Deuteronomio 1:43. No buscar a Dios y no pensar conforme a su Palabra, sino pensar como impíos: con maldad. Salmo 10:4. Altivez de espíritu, de ojos, de rostro, soberbia y orgullo de corazón. Recordemos que la altivez será abatida, y la soberbia será humillada. Ver: Salmos 2:17, Isaías 13:11. Ver también: Proverbios 16:18, 21:4; y Isaías 2:11.
Oremos.
Señor quita nuestra rebeldía. Trae un espíritu de arrepentimiento, quebrantamiento y humildad, para poder ser obedientes y entender tu Palabra.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Ha resplandecido la luz del evangelio de la gloria de Cristo en nuestros corazones. Renunciemos a lo oculto y deshonesto. No andemos con astucia. No usemos la palabra de Dios con engaño. Recomendémonos a la conciencia de todo hombre delante de Dios, por la manifestación de la Palabra de verdad. No nos prediquemos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
El entendimiento entenebrecido.
El dios de este mundo cegó la mente de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
Juan 12:40. “Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, ni entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane.”
Ponemos la mirada en lo que no se ve, en lo eterno, en el reino inconmovible.
No miramos lo terrenal, movible y corruptible.
Verso 18. «No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».
Hebreos 12:27-28. “Y esta expresión: Aun una vez, significa la remoción de las cosas movibles, como de cosas hechas, para que permanezcan las que no pueden ser removidas. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gracia, por la cual sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.”
2 Corintios 5
El reino inconmovible.
Consiste en fe, no en las cosas visibles. Se basa en el amor de Cristo: el que murió y resucitó por todos. No consiste en apariencias sino en el corazón. Recordemos que no debemos poner la mira en las cosas que se ven, sino a las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, más las que no se ven son eternas, como dice 2 Corintios 4:18, y tengamos presente también lo que dice Hebreos 12:28 sobre nuestro reino inconmovible.
Cristo.
Por todos murió y resucitó. Dios, a través de Cristo, ha reconciliado consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados. A Cristo, quien no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
En Cristo.
Dios nos reconcilió consigo mismo. Somos creados nuevamente, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Somos templo del Espíritu y tenemos una habitación celestial en Dios, un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Andamos por fe, no por vista. Conocemos el temor del Señor. Procuramos ser agradables a Dios. Ya no vivimos para nosotros mismos, sino para aquel que murió y resucitó por nosotros. No tenemos necesidad de recomendaciones, ni de recomendarnos a nosotros mismos. Nuestras propias vidas son cartas escritas por Dios. Ahora, a nadie conocemos según la carne. A Cristo ya no lo conocemos según la carne, ahora lo conocemos por medio del Espíritu, a través de la Palabra. El amor de Cristo nos apremia (nos controla), habiendo llegado a esta conclusión: que El murió por todos, y por consiguiente, todos morimos. Nos ha sido encargada la palabra de la reconciliación. Somos embajadores en nombre de Cristo. Todos nosotros compareceremos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
Está es la Palabra de la reconciliación.
Esta es la Palabra de fe que predicamos. Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres.
Les rogamos en nombre de Cristo: reconcíliense con Dios.
Romanos 3:24-26. “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.”
¿Por qué causa no tememos a la muerte?
Porque lo mortal será absorbido por la vida. No olvidemos que, el que nos hizo para esto mismo es Dios, el cual también nos ha dado las arras del Espíritu.
Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
Para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, ya sea bueno o sea malo. Verso 10.
2 Corintios 6
No reciban en vano la gracia de Dios.
Hoy es el tiempo aceptable, hoy es el día de salvación. Tengan cuidado de no rechazar a Aquél que habla.
Hebreos 12:25. “…Porque si aquéllos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de Aquél que nos amonesta desde el cielo.”
No demos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado.
Observemos las señales de Cristo en los ministros de Dios.
Mucha paciencia, tribulaciones, azotes, cárceles, tumultos. Trabajo en la predicación del reino. Desvelos. Pureza, ciencia, longanimidad, bondad. Su caminar en el Espíritu Santo, su amor sincero, su palabra de verdad, la manifestación del poder de Dios en sus vidas. Sus armas de justicia. Su honra y su deshonra, su mala fama y su buena fama. Su fama de engañadores y su veracidad. El ser unos desconocidos, pero bien conocidos para Dios. Andar como moribundos, pero vivos. Ser castigados, mas no muertos. Estar entristecidos, más siempre gozosos. Ser pobres, y enriquecer a muchos. No tener nada, más poseerlo todo.
Dice el Señor Dios todopoderoso.
Ustedes son templo del Dios viviente, no se pueden unir en yugo desigual con los incrédulos, no hay compañerismo entre la justicia y la injusticia. No hay comunión de la luz con las tinieblas. Cristo no concordia con el diablo. No hay unión entre el cristiano y el incrédulo. No hay acuerdos entre el templo de Dios y los ídolos. Salgan de en medio de ellos. Apártense, dice el Señor, no toquen lo inmundo. Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas.
El corazón de Cristo se ha ensanchado para recibirnos.
Así que no debemos estar estrechos en nosotros. ¿Estamos estrechos en nuestras propias entrañas? Pues, para corresponder del mismo modo ensánchense también ustedes, dice Cristo. Ensanchemos nuestra mente y nuestro corazón para poder entender la Palabra y amar al Señor como Él nos ha amado.
2 Corintios 7
Ya que tenemos la promesa del amor y la salvación en Cristo, perfeccionemos la santidad en el temor de Dios.
Porque tenemos esto, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; más la tristeza del mundo produce muerte. Revisemos también: 2 Crónicas 19:9; Salmos 19:9; Proverbios 8:13, 16:6; Hechos 9:31 y Hebreos 12:28.
La Palabra del Señor.
Debemos recibirla con temor y temblor, ella consuela a los humildes, nos contrista para arrepentimiento según Dios, para que ninguna pérdida padezcamos y para salvación.
Oremos.
Señor recibe nuestro amor, nuestro llanto, nuestra solicitud por ti. Regocíjate con nosotros. Haznos obedientes y crea en nosotros espíritu de temor por ti. Ensancha nuestra mente y nuestro corazón para poder entender la Palabra y amarte, como tú nos has amado. Señor renueva nuestra mente, sana nuestro entendimiento, danos un espíritu quebrantado y espíritu de sabiduría y revelación en tu conocimiento.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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