1 juan 1-4

Día 358. Libro 62

1 Juan 1

  1. Nuestro mensaje.

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida. Testificamos y anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó. Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 1 Juan 4:9. Dios perdona nuestros pecados, y los de todo el mundo, porque Cristo se ofreció voluntariamente para morir por nosotros. 1 Juan 2:2. Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Para poder tener comunión con Dios y vivir en su luz, debemos dejar la vida de pecado y obedecer al Señor. Aceptar el mensaje que él nos ha dado, es reconocer que hemos hecho lo malo, que somos pecadores. De lo contrario hacemos que Dios aparezca como un mentiroso. Al reconocer ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.

  • ¿Para qué anunciamos el evangelio?

Para que seamos perdonados por la sangre de Cristo, vivamos en la luz y tengamos comunión con el Padre, y con su Hijo. Para que el gozo sea cumplido: Isaías 61:10; Juan 15:11 y Juan 16:24.

1 Juan 2

  1. ¿Para qué el Señor nos escribió la Palabra?
  • Sabemos que conocemos al Señor cuando su amor se perfecciona en nosotros.
  • ¿Qué contradicción hay entre amar al Señor y amar el mundo? y entre ¿amar al Señor y odiar a los hermanos?
  • ¿Quién nos enseña todas las cosas? Juan 14:26.

1 Juan 3

  1. El que conoce a Dios.

Ama a los hermanos con el amor del Padre. Porque conoce el amor del Padre. Pone su vida por los hermanos. Si ve a su hermano padecer necesidad, no cierra su corazón. Ama con obras y en verdad. Cree en el nombre de Jesús, el Cristo, y ama como el Señor lo ha mandado. Es llamado hijo de Dios. El mundo le aborrece y no le reconoce, porque no reconoció al Señor. Ha pasado de muerte a vida. Vive un proceso de purificación, transformación, renovación y crecimiento permanente, pareciéndose cada vez más a Cristo. Anhela ver al Señor como Él es. Anhela su Palabra. Sus obras son justas. Hace justicia, es justo, como también el Señor es justo. Obedece la Palabra. Permanece en Él Señor. No peca. No puede pecar, porque es nacido de Dios. Es una persona de la Palabra y tiene su corazón certificado delante del Señor. La Palabra de Dios que habita en su corazón, le reprende cuando es necesario. Cualquier cosa que pide, la recibe del Señor, porque guarda sus mandamientos y hace las cosas que son agradables delante de él.

  • Los hijos del diablo.

Pecan y practican el pecado. No han visto al Señor, ni le han conocido. Son del diablo. No hacen justicia. No obedecen la Palabra. No aman a su Hermano, no son de Dios. Aborrecen a su hermano. Cierran su corazón contra él. Son homicidas como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. Sus obras son malas.  Permanecen en muerte. No tienen vida eterna permanente en el Señor. Su amor es falso, no aman de verdad, sino de palabra. Cierran su corazón contra los hermanos. No ayudan a los hermanos en necesidad. No tienen Palabra de Dios en su corazón, para que le reprenda.

  • Su mandamiento.

Que creamos en el nombre de su Hijo Jesús, el Cristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. “… el que guarda sus mandamientos, está en él Señor, y él Señor en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.”

1 Juan 4

  1. Probar los espíritus.

NO crean a todo espíritu. PRUEBEN a los espíritus si son de Dios. Porque muchos falsos profetas han salido en el mundo.

  • La prueba.

En esto conoceremos el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesús, el Cristo, es venido en carne, es de Dios. Todo espíritu que no confiesa que Jesús, el Cristo, es venido en carne, no es de Dios.

  • El espíritu del anticristo.

Han oído que viene, y ya está en el mundo.

  • Hijitos, ustedes son de Dios, y han vencido al espíritu del anticristo.

El espíritu del Señor que vive en nosotros es mayor que el espíritu del anticristo, que está en el mundo.

  • Los que no oyen la predicación de la Palabra.

Ellos son del mundo, por eso hablan del mundo y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios, el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye.  Por esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

  • En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros.

Dios envió su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor, no porque nosotros hayamos amado a Dios, sino porque él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo para aplacar la ira de Dios por nuestros pecados.

  • Amados.

Amémonos unos a otros. El amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es Amor. Si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor es completado en nosotros. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios que no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama a Dios, ame también a su Hermano.

  • ¿Cómo permanecemos en El Señor?

Por su Espíritu Santo que nos ha dado. Cualquiera que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Dios es Amor; y el que permanece en Amor, permanece en Dios y Dios en él.

  • Nosotros hemos visto, y testificamos que el Padre ha enviado a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios nos tiene. En esto es hecho perfecto el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, que cual él es, tales somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor; más el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor tiene pena; de donde el que teme, no está completo en amor. Nosotros lo amamos a él, porque él primero nos amó.

Oremos.

Padre gracias por el verbo. Bendito seas por siempre Señor.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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