Día 329. Libro 45.
Romanos 14
- El reino de Dios.
No consiste en cosas terrenales, movibles ni intrascendentes. Tampoco es comida, ni bebida. El reino de Dios es justicia: la Palabra cumplida. Es paz: esperar tranquilos y sin ansiedad, el cumplimiento de la Palabra. El reino de Dios es gozo en el Espíritu Santo: alegría de ver que la Palabra siempre se cumple. ¡Venga tu reino! ¡Que se cumpla tú voluntad, tu Palabra, en la tierra, ¡como se cumple en el cielo!
- No olvidemos nunca esto.
Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí, porque para el Señor vivimos. Vivimos para la Palabra y para el Señor también morimos. Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.
Eclesiastés 12:13. “El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.”
Juan 3:30. “Es necesario que yo mengüe para que El crezca.”
- La verdadera comida.
Es entender el significado inconmovible de la Palabra. Reciban al débil en la fe, al que todavía no entiende, pero no contiendan con el sobre opiniones de cosas movibles e intrascendentes. Él no tiene argumentos sólidos, todavía su fe está débil. Necesita fortalecerse en el entendimiento de la Palabra. No juzguemos la salvación de nadie, mucho menos basados en cosas intrascendentes como el comer o beber algo terrenal. No podemos condenar a nadie. Sólo el Señor es el juez eterno. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
- No hagamos discusiones intrascendentes.
Hablemos lo trascendente, lo eterno, lo inconmovible, de la Palabra. Sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios.
Romanos 15
- La Palabra.
Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.
- Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.
Isaías 52:15. “Así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.”
Isaías 65:1. “Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí.”
Romanos 16
- El reconocimiento del Señor.
Para las diaconisas de la iglesia, las que han ayudado a muchos. Para sus colaboradores en Cristo Jesús, los que expusieron su vida por El, a los cuales no sólo El da gracias, sino también todas las iglesias. A la iglesia de su casa. Para los amados suyos, los primeros frutos para Cristo. Los compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles. Los colaboradores en Cristo. Los amados del Señor. Los aprobados en Cristo. Para los que están en el Señor. Para los amados que trabajan mucho en el Señor. Para los escogidos en el Señor. Para los hermanos. Para todos los santos.
- Fíjense en esto.
Vigilen a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas aprendidas de los apóstoles, las enseñanzas bíblicas, y apártense de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.
Oremos.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes. Al que puede confirmar según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe. Padre: tú eres el Dios de la paciencia y de la consolación, danos entre nosotros un mismo sentir según Cristo Jesús. Que unánimes, a una voz, te glorifiquemos. Señor: que nuestra obediencia sea notoria a todos. Que seamos sabios para el bien, e ingenuos para el mal. Aplasta en breve a Satanás bajo nuestros pies. Al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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