Hechos 6-7

Día 314. Libro 44.

Hechos 6

  1. Observemos esto:

Los apóstoles se ocupaban de persistir en la oración y en el ministerio de la palabra. No era justo que dejaran esto para servir a las mesas.

  • Características bíblicas de los que sirven en el templo:

Varones de buen testimonio. Llenos del Espíritu Santo y de sabiduría.

  • Crecía la palabra del Señor.

El número de los discípulos se multiplicaba grandemente. Muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.

  • Esteban.

No podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. Fue elegido para servir las mesas, porque era de buen testimonio, lleno de fe, del Espíritu Santo y de sabiduría. Estaba lleno de la Palabra, de gracia y de poder y hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.

Hechos 7

  1. Observemos que Esteban explica la historia del pueblo de Dios como una figura de lo que sucedería con Cristo.

El ministerio de Cristo lo recibió del Padre, al igual que el llamado de Abraham. Cristo recibió la promesa de una herencia aún sin tener descendencia, al igual que Abraham. La descendencia de Cristo sería extranjera en tierra ajena. El padecimiento de la descendencia de los padres y la de Cristo. La envidia que movió a los patriarcas cuando entregaron a José, es la misma de los que entregaron al Señor a la muerte. Las tribulaciones de José son las mismas que las de Cristo. Dios le dio gracia y sabiduría a José al igual que Cristo. José fue puesto por gobernador al igual que Cristo. Al igual que Moisés, Cristo recibió sentencia de muerte siendo un niño. Moisés pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; más ellos no lo entendieron así, al igual que Cristo. Al igual que a Moisés a Cristo le dijeron: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? Cuarenta años vagó el pueblo desobediente en el desierto. Cristo ayunó cuarenta días, redimiendo con su obediencia, el pecado de su pueblo. Así como Moisés, Cristo viene en respuesta a la aflicción del pueblo que está esclavizado en Egipto, y gime. Dios dice que descendió para librarlos. Cristo nos sacó de la esclavitud, con prodigios y señales, al igual que la salida de Egipto de Moisés y el pueblo de Dios. Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Cristo recibió una voz del cielo, que dijo: «este es mi hijo amado, a él oíd». Moisés recibió palabras de vida que darnos. Cristo mismo es la Palabra de Vida. El pueblo de Dios no quiso obedecer a Moisés, sino que le desechó, y en sus corazones se volvieron a Egipto. Lo mismo sucedió con Cristo.

  • ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos!

Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores.

  • Al igual que Cristo al morir, Esteban dice: Señor, no les tomes en cuenta este pecado.
  • El pueblo de Israel recibió la ley por disposición de ángeles. Nosotros la recibimos por medio de Cristo.

Hebreos 2:2-3. “Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron.”

Oremos.

Señor enséñanos tu temor. Llena nuestro corazón de amor por tu Palabra. No nos dejes caer en tentación, que satán nunca llene nuestro corazón. Líbranos del pecado de la mentira y la hipocresía.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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