Día 281. Libro 40
Mateo 7
- No juzguen, para que no sean juzgados.
El texto se refiere a esto: no estamos llamados a determinar la salvación y la condenación de alguien, porque sólo Dios puede hacerlo pues Él es el juez justo. Consideremos también el hecho de que tradicionalmente se ha usado este texto para evadir la responsabilidad que tenemos como cuerpo de Cristo de corregir y exhortar. Entendamos entonces este mandamiento a la luz de toda la Palabra porque la Palabra entera es el juicio de Dios. Debemos usar la Palabra para corregir y exhortar, lo cual no es condenar, ni enviar al infierno. Al contrario, exhortando, evitamos que esto suceda. La corrección es una profilaxis dentro del pueblo de Dios. Consideremos también que sólo puede exhortar según la Palabra, aquel que está limpio de pecado. De lo contrario, será un hipócrita que, en lugar de exhortar para hacer profilaxis, contaminará al cuerpo. Ver también 1 Corintios 2:15.
- Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
¿Hemos entendido que se refiere a buscar el reino de Dios y su justicia? La promesa del Señor es que si pides, buscas y llamas al reino de los cielos, se te dará. Esforcémonos, busquemos el entendimiento de la Palabra. La búsqueda es algo que requiere acciones. Pidamos y clamemos por el entendimiento de la Palabra, espíritu de sabiduría y revelación en su conocimiento. La ley de la siembra y la cosecha: sembremos la Palabra y cosecharemos la Palabra. Obedezcamos la Palabra y cosecharemos vida eterna. Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso cosechará.
- ¿Es el entendimiento y la obediencia a la Palabra una puerta estrecha y un camino angosto para nosotros?
Sólo entrará en el Reino de los cielos, el que haga la voluntad del Padre que está en los cielos. La obediencia a la Palabra es la evidencia y el fruto de aquellos que viven agradecidos por su gracia inmerecida.
- Guárdense de los falsos profetas.
Consideren sus frutos y cuídense que nadie los engañe. Especialmente de aquellos que están vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos robadores. Filtren sus enseñanzas a la luz de toda la Palabra.
- Esto es sensatez.
Oír la Palabra, obedecer y edificar tu vida sobre la roca eterna.
Mateo 8
- La fe que necesitamos.
Solamente di la palabra, y mi criado sanará. Observemos todos los casos y cómo Jesús definió la fe como la capacidad de creer que su Palabra se cumple.
- La Palabra del Señor nos salva, nos limpia, y nos regenera.
Nos limpia la lepra, tiene la autoridad para sanarnos, nos toca, reprende las enfermedades y nos levanta de nuestro lecho. Observemos que por la palabra el Señor echa fuera los demonios y sana a todos los enfermos.
- Llamados a un reino inconmovible.
La respuesta que damos al llamado del Señor a seguirle está basada en el concepto que tengamos del reino de los cielos. La sanidad terrenal es pasajera, no fijes la mirada en las cosas de éste mundo, observa la verdadera sanidad inconmovible: ver y entender la Palabra. Observemos que cada enfermedad representa la verdadera enfermedad del alma: la incapacidad de creer, entender y obedecer la Palabra.
- ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Observemos el reclamo de parte de los discípulos, y el reclamo del Señor a ellos. ¿Por qué causa los llamó hombres de poca fe? porque ellos temían a lo terrenal.
- Le rogaron que se fuera de sus contornos.
¿Hacemos lo mismo con la revelación de la Palabra?
Mateo 9
- ¿Qué es más fácil?
Decir: “Los pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”. Ser sanado del pecado y ser perdonado es lo mismo en el reino de los cielos, y sólo el Señor tiene la autoridad para hacerlo.
- Observemos todos y cada uno de éstos casos.
En su significado inconmovible todos estos casos son una parábola. Representan las verdaderas enfermedades que impiden el cumplimiento de la Palabra en una vida. Estas enfermedades nos hacen inmundos espiritualmente, ciegos, sordos, leprosos, paralizados, muertos o poseídos, incapaces de creer, obedecer y entender la Palabra. Necesitamos ser sanados por la autoridad de la Palabra para entrar al reino de los cielos y poder caminar en obediencia por la senda de la vida. Tanto los publicanos y pecadores, como los inmundos y los paralíticos, representan a aquellos que no pueden caminar en obediencia a la Palabra. El hombre principal al cual se le había muerto su hija es figura de aquel que necesita la Palabra, porque teniendo autoridad humana, no puede pronunciar una palabra que impida el poder de la muerte. La mujer del flujo de sangre simboliza a la iglesia estéril. Los ciegos, simbolizan a aquellos que no entienden la suma de la Palabra y por lo tanto, no pueden ser salvos. Los mudos endemoniados, son los poseídos por Satanás, atados y encadenados a la muerte, sólo la Palabra los puede liberar. Las multitudes representan a los que están desamparados y dispersos en sus pensamientos, sin que la Palabra los pastoree y divagan sin que nadie los guíe por el camino de la salvación.
- ¿Cómo se trae el reino de los cielos a la tierra?
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
- La humildad necesaria para creer en la autoridad de la Palabra.
Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y será hecho.
Oremos
Padre ayúdanos a creer en la autoridad de tu Palabra.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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