Día 252. Libro 27.
Daniel 7
- Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas.
- Preguntemos al Señor la verdad acerca de la Palabra. Él nos hablará, y nos hará conocer la interpretación de las cosas. Aun cuando a Daniel se le turbó el espíritu en medio de su cuerpo, y las visiones celestiales lo asombraron, él se acercó y preguntó la verdad acerca de todo esto. ¿Cuál fue el resultado? ¿Es esta nuestra experiencia?
- Tuve deseo de saber la verdad.
- Su deseo no se limitó a la visión celestial, sino que quiso conocer y certificar el significado de las realidades inconmovibles. Además también quiso ser usado por el Señor para enseñarnos y darnos a conocer su Palabra.
- ¡Bendito sea nuestro Rey!
- Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es dominio eterno, que no pasará, y su reino uno que no será destruido. Su reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.
Daniel 8
- Observemos que Daniel no entendía la visión, sin embargo la consideraba y procuraba comprenderla.
- ¿Cuál fue la orden dada desde el cielo?: «Gabriel, enseña a éste la visión». Podemos estar seguros que si buscamos, nos esforzamos, pedimos, rogamos, suplicamos, deseamos, investigamos, inquirimos, solicitamos, comprender la Palabra, el Señor nos enseñará, nos hará entender, discernir, sentir, nos instruirá y nos dará inteligencia en la Palabra.
- El efecto de la Palabra en Daniel.
- Quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía. ¿Cuál es nuestra expectativa sobre el efecto que causa el conocimiento de los hechos que están preparados para el fin de los tiempos?
- Cuando los transgresores lleguen al colmo.
- Guarda la visión. Se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas. Su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia. Causará grandes ruinas y prosperará haciendo arbitrariamente. Destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano. Su corazón se engrandecerá y sin aviso destruirá a muchos. Se levantará contra el Príncipe de los príncipes. Será quebrantado, aunque no por mano humana.
Daniel 9
- Observemos esto.
- La oración, el ruego, el ayuno, el cilicio y la ceniza que Daniel hace para buscar a Dios el Señor, parten de la Palabra. Porque miró atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén. Esa es la forma en que debemos buscar al Señor y orar, para que venga su reino y se haga su voluntad.
- Confesemos los pecados del pueblo de Dios.
- El Señor es grande y digno de ser temido. Él guarda su pacto y la misericordia con los que le aman y guardan sus mandamientos. Confesemos el pecado, la confusión, la impiedad y la rebeldía de su pueblo. Nos hemos apartado de los mandamientos, las ordenanzas del Señor. No hemos escuchado, ni obedecido la voz de Dios dada por sus siervos los profetas, que en su nombre hablaron.
- Reconozcamos que el cautiverio de su pueblo es el cumplimiento de la palabra que habló Jehová contra su pueblo y contra sus gobernantes, y que se debe a la justicia, la ira y el furor del Señor en pago al pecado de su pueblo y sus gobernantes, como maldición y juramento que está escrito en la ley del Señor. Confesemos que su pueblo no ha implorado el favor de Jehová, para convertirse de sus maldades y entender su verdad. Reconozcamos que el Señor no se merece la rebeldía de su pueblo porque nos salvó con mano poderosa.
- Imploremos el favor del Señor.
- De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado.
- Él nos hará entender.
- Versos 22-23. “Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.”
Oremos
- Oh, Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, y de tu pueblo somos el oprobio de todos en derredor nuestro. Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh, Dios mío, abre tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo. Padre danos deseos de conocer la interpretación de la Palabra. Señor danos sabiduría y entendimiento.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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