Día 225. Libro 23.
Jeremías 36
- Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.
- Quizá llegue la oración de ellos a la presencia de Jehová, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.
- Pero NO ESCUCHARON.
- Verso 24. “Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras.”
- Verso 25. “Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír.”
- Verso 31. “…y no escucharon…”
Jeremías 37
- ¿Hay palabra de Jehová?
- Pero no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta Jeremías.
- Observemos el padecimiento del profeta, como se airaron contra él y fue azotado, puesto en prisión, en cisternas y bóvedas, por causa de la Palabra de Dios.
Jeremías 38
- Ante el inminente cautiverio, continúa Jehová advirtiendo y exhortando a su pueblo para preservación de vida.
- Esto es una figura, de la verdad inconmovible que se esconde tras hechos históricos.
- ¿Entendemos que es una profecía que se cumplirá nuevamente? ¿Estamos haciendo caso omiso de la advertencia? No caigamos en la sordera y en la ceguera. Si decimos que vemos, tenemos que entender esta advertencia.
- Este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal.
- Nuevamente la persecución se enciende contra el profeta.
- La acusación contra el profeta: decir al pueblo la Palabra de Jehová.
- Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre.
- Verso 6. «Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.»
- ¿Hacemos lo mismo con el libro de Jeremías?
- ¿Acaso el pueblo de Dios ha escondido en el pantano, y ha ignorado las duras verdades que hay en este libro?
- ¿Queremos sólo profecías y promesas de paz y prosperidad?
- La palabra de Dios por medio del profeta fue mal interpretada y tergiversada, asegurando que su intención era hacer desmayar las manos de los hombres de guerra que habían quedado en la ciudad, y las manos de todo el pueblo.
- ¿Cuál es nuestra respuesta y actitud ante las advertencias que nos da el Señor sobre el cautiverio del pueblo de Dios?
- ¿Preferimos mantenernos en promesas y decretos de paz y bendiciones?
- ¿Creemos que las crudas verdades y advertencias de la Palabra pueden desmotivar y desanimar?
- En lugar de esto, debemos escuchar y obedecer la SUMA de la Palabra.
- Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás.
- Hagamos esta reflexión.
- ¿Creemos verdaderamente lo que la Palabra de Dios dice de sí misma? Ella es Espíritu y Vida. Es viva y eficaz. Es como martillo que quebranta la piedra. Es lámpara.
- ¿Lo creemos en relación con la suma de la Palabra o sólo en relación con partes agradables de la Palabra?
Oremos
- Padre perdona nuestra desobediencia y nuestros malos caminos. Perdona todos nuestros pecados.
- Queremos inclinar nuestro corazón y escucharte.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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