Día 216. Libro 23.
Jeremías 6
- El ruego del Señor.
- Verso 8. «Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi alma de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra inhabitada».
- La queja del Señor.
- Ustedes no me escuchan, no aman mi Palabra.
- Verso 10. “¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman.”
- El juicio.
- Verso 19. “Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley.”
Jeremías 7
- Oíd palabra de Jehová.
- Mejoren sus caminos y sus obras. No confíen en palabra de mentira.
- No hagan injusticia entre el hombre y su prójimo. No opriman al extranjero, al huérfano y a la viuda.
- No derramen sangre inocente. No anden en pos de dioses ajenos, extraños y desconocidos.
- No hurten, no maten, no adulteren, no juren en falso y no usen la casa del Señor como cueva de ladrones. No hagan abominaciones en la casa del Señor, mancillándola.
- Escuchen mi llamado y respóndanme. No endurezcan la cerviz.
- Oigan e inclinen su oído, ante la exhortación de mi Palabra. Escuchen mi voz y admitan mi corrección.
- Hablen palabra de verdad. Anden en mis caminos.
- No me provoquen a ira. No ofrezcan sus hijos a los ídolos. No tengan prácticas que el Señor no mandó, ni subió en su corazón.
- Verso 23. “Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.”
- Ustedes NO ME OYEN.
- Les hablé desde temprano y sin cesar, y no oyeron, los llamé y no respondieron. No oyeron ni inclinaron su oído. Ustedes antes de entender mi Palabra, prefieren caminar en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y van hacia atrás y no hacia adelante.
- Versos 27-28. “Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán. Les dirás, por tanto: Ésta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.”
Jeremías 8
- El dolor del Corazón de Dios.
- Verso 18. «A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en mí».
- Versos 21-22. «Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado. ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué, pues, no hubo medicina para la hija de mi pueblo?»
- Mateo 9:36. “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.”
- Mateo 23:37-38. “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta.”
- ¿Por qué mi pueblo es rebelde con rebeldía perpetua?
- Abrazaron el engaño, y no han querido volverse.
- Mi pueblo no conoce mi Palabra.
- Mi pueblo no conoce el juicio de Jehová. Mi pueblo dice que es sabio, y que la ley de Jehová está con él.
- La pluma mentirosa de los escribas.
- Cambiaron en mentira la Palabra de Dios. Aborrecen la palabra de Jehová. ¿Qué sabiduría tienen?
- Mi pueblo no se avergüenza de su pecado.
- ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado en lo más mínimo. No supieron avergonzarse.
- El juicio.
- Caerán, por tanto, entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová.
Oremos
- Padre perdónanos, circuncida el prepucio de nuestro corazón y quebranta nuestra dureza. Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; Y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. (Salmos 79:9).
- Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo. (Daniel 9:19).
- Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios? (Joel 2:17).
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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