Día 210. Libro 23.
Isaías 50
- El pueblo de Dios no entiende la causa de su cautiverio ni se arrepiente.
- Jeremías 3:8. “Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó.”
- ¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir?
- ¿No hay en mí poder para librar?
- Cristo el mesías. Versos 7-9. “Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese a mí. He aquí que Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que me condene? (…)”
- Clamemos al Señor para que se cumpla esta Palabra en nosotros.
- Versos 4-5. “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.”
- ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo?
- Verso 10. “El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.”
Isaías 51
- Oídme.
- Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová.
- Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía.
- Oídme, los que conocéis justicia.
- Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén.
- Yo, yo soy vuestro consolador.
- ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?
- La profecía.
- Asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada para el pueblo de Dios. Pero ¿qué hizo el pueblo de Dios?
- Jeremías 5:11-12. “Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová. Negaron a Jehová, y dijeron: Él no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre.”
Isaías 52
- Despierta iglesia.
- Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa.
- Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion.
- Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén.
- Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová.
- El mesías.
- Hermosos son sobre los montes sus pies.
- El trae alegres nuevas.
- El anuncia la paz.
- Él publica salvación.
- Él dice a Sion: ¡Tu Dios reina!
- Él es el siervo que será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto.
- Muchos se asombrarán de Él.
- Fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura.
- También asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.
Isaías 53
- Cristo es el Renuevo de Jehová.
- ¿Por qué Jehová quiso quebrantar al Mesías?
- ¿Cuál fue el fruto de la aflicción de su alma?
- Consideremos el atractivo, la estima y la imagen del Cristo anunciado en éste capítulo.
- No es nada exitoso, según los estereotipos de éxito humanistas y contemporáneos.
- ¿Son bíblicos nuestros conceptos de éxito?
- ¿Tuvo éxito Cristo?
- ¿Se corresponden nuestros estereotipos con los ejemplos de padecimiento del Mesías?
- Nunca olvidemos esto.
- Todo el sufrimiento del mesías Salvador, lo merecemos nosotros.
- El mesías no tiene atractivo. Él es menospreciado, desechado y despreciado y no lo estimamos.
- Su sufrimiento es malinterpretado, porque aun cuando no se lo merece, la gente cree que Dios lo castigó por su maldad, cuando realmente en su sufrimiento nos representó a nosotros.
- El llevó nuestras enfermedades y nuestros dolores.
- Él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados y el castigo de nuestra paz fue sobre él.
- Por su llaga, nosotros somos curados.
- El padre cargó en El, el pecado de todos nosotros.
- El mesías sufrió en lugar nuestro y no dijo nada, ni tampoco se defendió.
- Él fue angustiado y afligido aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
- Él derramó su vida hasta la muerte.
- Él fue contado con los pecadores.
- Mientras sufría en nuestro lugar, se mantuvo orando e intercediendo por nosotros
- No olvidemos nunca esto.
Oremos
- Perdónanos Señor. Confesamos nuestro pecado y volvemos nuestro corazón a tu Palabra.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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