Salmos 80-88

Día 173. Libro 19.

Salmos 80

  1. ¿Quién ha hecho esto tan terrible?
  2. Isaías 42:24-25. “¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley. Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; le puso fuego por todas partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso.”
  • Oh pastor de Israel escucha.
  • Resplandece y despierta el poder de tu Palabra para restaurarnos y salvarnos. Despierta nuestro oído para escuchar tu ley.

Salmos 81

  1. Oye, pueblo mío, y te amonestaré. 
  2. El clamor de Dios para su pueblo: «Israel, si me oyeres.» Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos. ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubiera andado Israel! 
  • ¿Nos quejamos de que Dios está airado y no escucha nuestras oraciones? 
  • El Señor se queja de que su Pueblo no escucha su Palabra.
  • Si le hubiéramos escuchado.
  • Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido. Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel de la peña les saciaría. 

Salmos 82

  1. La orden.
  2. Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos.  Libra a los que son llevados a la muerte. Salva a los que están en peligro de muerte. 
  • No podemos decir que no lo supimos.
  • ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá. Él dará al hombre según sus obras. (Ver Proverbios 24:11-12).

Salmos 83

  1. El enemigo alza cabeza.
    1. Se confabula contra el pueblo de Dios astuta y secretamente y ruge. Pretende destruirnos para que no seamos nación y para que no haya más memoria del cuerpo de Cristo, para heredar las moradas de Dios.
    1. Aprendamos a orar para que se arrepientan y busquen la Palabra, pero que si no se arrepienten, sean afrentados y turbados para siempre.
  • Conozcan que tu nombre es Jehová.
  • No guardes silencio, levántate contra tus enemigos. Llena sus rostros de vergüenza y sepan que solo tú eres Altísimo sobre toda la tierra. 

Salmos 84

  1. Observemos al hombre que vive en la fuerza de la Palabra.
  2. En su corazón están los caminos de la Palabra. Anhela su alma y ardientemente desea los atrios de Jehová. Su casa y su nido es la casa de Jehová. Es bienaventurado por habitar en las moradas celestiales. Escoge estar a la puerta de la casa de Dios, antes que habitar en las moradas de maldad. Perpetuamente le alabará. El valle de lágrimas lo cambia en fuente, irá de poder en poder, verá a Dios en Sion y recibirá gracia y gloria.
  3. Dios no le quitará el bien porque anda en integridad. El Señor es su sol y su escudo, y es dichoso porque confía en el Señor.

Salmos 85

  1. Por su misericordia somos libertados del cautiverio y del poder del pecado.  
  2. Miqueas 7:18. “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.”
  3. Salmos 126:1-2. “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.”
  • Para no volvernos a la locura. 
  • Esta es la verdadera sanidad. Escucharé lo que hablará Jehová Dios; porque hablará paz a su pueblo y a sus santos.
  • La sanidad de nuestra tierra, de nuestra mente, alma y corazón solo puede darse cuando brota la Palabra en nosotros, cuando damos frutos de justicia, cuando obedecemos la Palabra de Dios. La sanidad es el resultado de caminar en su Palabra. Esa es la verdadera salvación y sanidad de mente y cuerpo. Solo así puede nuestro corazón y nuestra carne regocijarse cantando al Dios vivo.
  • El beso de la misericordia y la justicia. 
  • Caminar en el perdón de Cristo y al mismo tiempo, en la obediencia a la Palabra de Dios en nuestra vida.  
  • Recibir el perdón de nuestra iniquidad y caminar en obediencia, creyendo que El cubre todos nuestros pecados.
  • Experimentar la sanidad y restauración de nuestra mente, al ser liberados del cautiverio de nuestros pensamientos, y cambiarlos por los pensamientos de Él. 
  • Dejar de amar lo que pensamos para amar lo que El piensa.
  • Reconocer que Él ha apartado su enojo y el ardor de su ira de sobre nosotros, para restaurarnos y darnos salvación.

Salmos 86

  1. Metamos la lupa en las palabras, en los términos, en el sentimiento y clamor del salmista. 
  2. ¿Qué lugar ocupan nuestras necesidades materiales?  ¿O será más bien un clamor para que se cumpla la eternidad en su vida? 
  • La oración bíblica.
  • Es una reflexión de su Palabra. Es alabanza, glorificación y exaltación por las misericordias, la piedad, el consuelo y las revelaciones del padre eterno. Observemos lo que sucede cuando dejamos nuestras tradiciones y oramos bíblicamente.
  • Hechos 4:31. «Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.» 

Salmos 87

  1. Cristo, el cimiento en el monte santo. 
  2. Isaías 28:16. “por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.”
  • Este nació allí.
  • 1 Juan 5:11-12. “Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”
  • Apocalipsis 20:15. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

Salmos 88

  1. El padecimiento de nuestro Cristo.
  2. Verso 4. “Soy contado entre los que descienden al sepulcro; Soy como hombre sin fuerza.”
  3. Verso 5. “Abandonado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, De quienes no te acuerdas ya, Y que fueron arrebatados de tu mano.”
  4. Verso 6. “Me has puesto en el hoyo profundo, En tinieblas, en lugares profundos.”
  5. Verso 7. “Sobre mí reposa tu ira, Y me has afligido con todas tus ondas.”
  6. Verso 8. Has alejado a mis conocidos; Me has puesto por abominación de ellos; Encerrado estoy, y no puedo salir.”
  7. Verso 9. “Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción. (…)”
  • La profecía y su cumplimiento.
  • Isaías 53:3-5.  “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”
  • Jonás 2:3. “Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, Y me rodeó la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.”
  • 1 Pedro 2:24. “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”

Oremos.

  • Oh Pastor de Israel escucha. Resplandece, despierta tu poder. Ven a salvarnos. Restáuranos.
  • No calles oh Dios, ni estés quieto. Ponlos como torbellinos, como hojarasca quemada. Persíguelos, atérralos, llena sus rostros de vergüenza para que busquen tu nombre. Sean afrentados y turbados para siempre; sean deshonrados, y perezcan. Por la gloria de tu nombre; líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo. Nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, Te alabaremos para siempre; De generación en generación cantaremos tus alabanzas.
  • Mi corazón y mi carne te cantan a ti, al Dios vivo. Bienaventurados los que habitan en tu casa; Perpetuamente te alabarán. ¡Cuán amables son tus moradas, Jehová de los ejércitos! Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová. Bienaventurada soy porque tengo en ti mis fuerzas, En tu corazón están mis caminos.
  • Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración; Escucha, Dios de Jacob. Mira Dios, escudo nuestro, Y pon los ojos en el rostro de tu ungido. Porque tú eres mi sol y mi escudo. Gracia y gloria nos darás, tu no quitarás el bien a los que andan en integridad.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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