Salmos 36-42

Día 174. Libro 19.

Salmos 36

  1. En tu luz veremos la luz.
  2. Sólo la Palabra de Dios puede explicarnos la Palabra de Dios. No hay luz fuera de la Palabra.
  • Alabemos a Jehová por su Palabra.
  • Démosle la honra debida a su nombre. Seamos obedientes hasta la muerte.

Salmos 37

  1. Meditemos profundamente y con temor de Dios en la verdad expuesta en este salmo.
  2. Observemos la contraposición entre el carácter efímero del malo y la eternidad del Señor y sus hijos que esperan el cumplimiento de su Palabra justa. 
  • La importancia radical de lo inconmovible.
  • Solo poniendo los ojos en la suma de la Palabra y en su carácter inconmovible podemos tener paciencia ante la prosperidad del malo. Necesitamos aprender a esperar en lo inconmovible y eterno de su Palabra para ver el mundo movible como algo que no permanecerá. Solo poniendo los ojos en la Palabra, podremos decir que estamos poniendo los ojos en su eternidad.
  • Recordemos esto.
  • Nuestra propia justicia es un trapo de inmundicia ante su justicia y nuestros pensamientos no son sus pensamientos.
  • Isaías 64:6. «Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.»  
  • Isaías 55:8. «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.»  
  • El día que las verdades expuestas en este salmo sean implantadas y den fruto en nuestra vida, dejaremos de vivir amargados por la prosperidad del malo.
  • Necesitamos urgentemente este fruto en nuestra vida.

Salmos 38

  1. Cristo.
  2. Este Salmo es una profecía del padecimiento de nuestro Señor Jesucristo. Él fue perfecto y sin pecado y sufrió todo lo que describe el salmista.
  3. Isaías 53:5. «…él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»
  • Su padecimiento.
  • Reprensión, furor, castigo, ira, saetas. La mano del Señor sobre él. Enfermedades. Falta de paz que llegaba hasta los huesos. Las iniquidades sobre su cabeza como carga pesada.
  • Hedor y locura. Encorvado, humillado en gran manera, enlutado todo el día. Debilitado, molido en gran manera, gimiendo a causa de la conmoción del corazón. Congoja de corazón, falta de vigor, y falta de luz en sus ojos. Lomos llenos de ardor, nada sano en su carne. Sus amigos y compañeros se mantuvieron lejos de su plaga, sus cercanos se alejaron. Los que buscaban su vida armaron lazos, y los que procuraban su mal hablaban iniquidades, meditando fraudes todo el día. A punto de caer y dolor continuo.
  • Entender el padecimiento.
  • ¿Qué reflexión hacemos al conocer en lo íntimo el padecimiento del Señor?
  • ¿Cuál es nuestra conducta y actitud ante el padecimiento?
  • ¿Somos llevados mansamente como ovejas al matadero?
  • La confesión y el arrepentimiento.
  • ¿Qué decisiones tomaremos respecto a nuestro pecado?
  • Verso 18. «Por tanto, confesaré mi maldad, Y me contristaré por mi pecado.»

Salmos 39

  1. El freno.
  2. El salmista puso un freno en su boca para mantenerse callado y no pecar. 
  3. Sin embargo esto lo condujo a un dolor más grave y su corazón se enardeció, sus pensamientos eran un fuego que definitivamente lo condujeron a explotar.
  4. ¿Tenemos experiencias similares en nuestra vida? 
  • Revisemos este punto a la luz de la Palabra.
  • ¿Por qué causa explotamos con palabras que no provienen del corazón de Dios?
  • Mateo 12:34. «¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.»
  • Lucas 6:45. «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.»
  • Abundancia de la Palabra en nuestro corazón.
  • ¿Que necesitamos para que nuestras palabras contengan abundancia del sentir y pensar de Cristo? Lo primero es humillarnos, confesar nuestro pecado y arrepentirnos. Lo segundo es llenarnos de su Palabra diariamente para obedecerla.

Salmos 40

  1. La liberación.
  2. Si el Salmo 38 nos mostraba la intensidad del sufrimiento por el pecado y el 39 la explosión de nuestras palabras cuando pretendemos controlar por nuestras propias fuerzas los pensamientos, el salmo 40 nos muestra la felicidad de una vida que ha esperado pacientemente que el Señor lo libere de la aflicción. El fruto de la confesión, la obediencia y la paciencia son la felicidad y el gozo.
  • Meditemos. 
  • ¿Nos agrada hacer su voluntad? ¿Hemos puesto su ley en medio de nuestro corazón? Los resultados están en los versos 9-10. 
  • Observemos el contraste.
  • No necesitamos poner un freno a nuestra boca cuando estamos llenos del pensamiento de Dios, porque el Espíritu Santo hará que su Palabra fluya en forma natural e irrefrenable. Que nuestra oración sea el verso 11, nuestra alabanza el 16 y nuestra confianza el 17.

Salmos 41

  1. Veamos el cumplimiento de la profecía.
  2. ¿Vivimos nosotros para cumplir la Palabra del Señor?
  • Bendito sea su padecimiento y su salvación.
  • Tengamos presente el verso 5, porque el enemigo ansiaba la muerte de Jesús y que su nombre fuera extinguido de sobre la tierra. Nosotros somos responsables de mantener vivo su nombre.

Salmos 42

  1. Sed de Dios.
  2. ¿Anhelas habitar en las moradas del Altísimo? Hemos sido creados para alabanza de la gloria de su gracia. Hemos nacido para anhelarlo, para desearlo, para habitar en su presencia. Es al Dios vivo a quien necesitamos, no palabras humanas, de humana sabiduría. No necesitamos obras de hombres. Nuestra alma solo hallará descanso en el Dios verdadero y eterno.
  • Necesitamos que esta Palabra hable a nuestra alma. 
  • ¿Por qué te abates, por qué te turbas? Espera en Dios, todavía lo vas a alabar porque Él nos salvará más allá de la muerte.

Oremos.

  • Seas enaltecido. Me gozo y me alegro en ti. Amo tu Salvación. Padre no retengas de mi tus misericordias, tu misericordia y verdad me guarden siempre. Líbrame Señor, apresúrate a socorrerme. No me entregues a la voluntad de mi enemigo. Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida para destruirla. Vuélvanse atrás y avergüéncense los que mi mal desean. Sean asolados en pago de su afrenta. Mi ayuda y mi libertador eres tú, Dios mío, no te tardes. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén.
  • Hasta los cielos llega tu misericordia, Y tu fidelidad alcanza hasta las nubes. Tu justicia es justicia eterna. Tus juicios, abismo grande. ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Contigo está el manantial de la vida. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, Que libras al afligido del más fuerte que él, Y al pobre y menesteroso del que le despoja? Di a mi alma: Yo soy tu salvación. Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío, para defender mi causa. Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, Y no se alegren de mí. Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; Pelea contra los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, Y levántate en mi ayuda. Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores. Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan. Sean como el tamo delante del viento, Y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, Y el ángel de Jehová los persiga. Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa, Y la red que él escondió lo prenda; Con quebrantamiento caiga en ella. Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. Concédeme él deleitarme en ti. Guardaré silencio y esperaré en ti. Dejaré la ira, y desecharé el enojo. 

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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