Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida.
Testificamos, y anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó.
Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 1Juan 4:9.
Dios perdona nuestros pecados, y los de todo el mundo, porque Cristo se ofreció voluntariamente para morir por nosotros. 1 Juan 2:2.
Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
Para poder tener comunión con Dios y vivir en su luz, debemos dejar la vida de pecado y obedecer al Señor.
Aceptar el mensaje que él nos ha dado, es reconocer que hemos hecho lo malo, que somos pecadores. De lo contrario hacemos que Dios aparezca como un mentiroso.
Al reconocer ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.
¿Para qué anunciamos el evangelio?
Para que seamos perdonados por la sangre de Cristo, vivamos en la luz y tengamos comunión con el Padre, y con su Hijo.
Para que el gozo sea cumplido: Isaías 61:10; Juan 15:11 y Juan 16:24.
1 Juan 2
¿Para qué el Señor nos escribió la Palabra?
Sabemos que conocemos al Señor cuando su amor se perfecciona en nosotros.
¿Qué contradicción hay entre amar al Señor y amar el mundo? y entre ¿amar al Señor y odiar a los hermanos?
¿Quién nos enseña todas las cosas? Juan 14:26.
Oremos.
Padre gracias por el verbo. Bendito seas por siempre Señor.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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TODAS las cosas nos han sido dadas mediante su divino poder, por la Palabra.
Mediante el conocimiento de Dios y nuestro Señor Jesucristo.
Para eso fuimos llamados por su gloria y excelencia.
Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por la Palabra.
La Palabra: Preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguemos a ser participantes de la naturaleza divina.
Nos ha sido dada la palabra profética más segura, a la cual hacemos bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en nuestros corazones.
Poniendo diligencia en conocer la Palabra.
Añadiremos a nuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento.
Al conocimiento, templanza, y a la templanza, paciencia, y a la paciencia, piedad.
A la piedad, amor fraternal, y al amor fraternal, caridad.
Para no caer jamás y no estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.
El Señor no dejará de recordarnos siempre estas cosas.
El poder y la venida de nuestro Señor no se conocen siguiendo fábulas artificiosas.
Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder.
Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
Debemos entender primeramente que, ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada.
2 Pedro 2
Consideremos cuidadosamente la advertencia sobre los falsos maestros.
Hagamos un listado de sus características: versos 1-3,10, 12-15,17-22.
¿Libra el Señor a los piadosos de la tentación de ser arrastrados en el error de los falsos maestros?
¿Conocieron los falsos maestros el camino de la justicia?
Oigamos esto con temor y temblor.
El que conoce la Palabra, el santo mandamiento y no persevera en la obediencia, tiene una terrible sentencia: su postrer estado viene a ser peor que el primero.
Observemos que habla de gente que ha conocido al Señor.
Si habiéndote escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, te enredas otra vez en ellas, y eres vencido por la tentación, te haces esclavo nuevamente del pecado y de la muerte.
Porque mejor es no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que nos fue dado.
Sucede entonces lo que dice el proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. Versos 20-22.
¡Terrible cosa es caer en manos de un Dios vivo!
2 Pedro 3
Observemos que el Señor despierta nuestro entendimiento con exhortación.
¿Qué dicen los burladores que andan según sus propias concupiscencias?
Según los versos 14-18 ¿cómo nos guardaremos para no ser arrastrados por el error de los inicuos?
Así que vosotros, amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que siendo desviados con el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.
Mas creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Oremos.
Ten misericordia de nosotros Señor.
A Él sea gloria ahora y para siempre. Amén.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Observemos el mensaje a las mujeres y a los maridos.
¿Nos hemos amado fraternalmente, hemos sido compasivos, misericordiosos, amigables, y de un mismo sentir?
Examinemos nuestro corazón y nuestro andar, pidamos perdón y corrijamos nuestros pasos.
¿Cuál es la promesa para los que padecen haciendo el bien?
Versos 17-18. “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado por el Espíritu.”
1 Pedro 4
Un arma poderosa.
La certeza de que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, y así terminó con el pecado.
Siempre que nos toque padecer por obedecer la Palabra, tenemos que armarnos con este pensamiento.
Amados, no se extrañen acerca de la prueba de fuego, como si alguna cosa extraña nos acontece.
Antes bien debemos regocijarnos por ser participantes de los padecimientos de Cristo.
Para que cuando su gloria sea revelada, nos regocijemos con gran alegría.
Si somos vituperados por el nombre de Cristo, somos bienaventurados.
Porque el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre nosotros.
Cierto según el mundo, Él es blasfemado, mas según nosotros Él es glorificado.
Por tanto, los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden a Él sus almas, como al fiel Creador, haciendo el bien.
Así que, ninguno de nosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en asuntos ajenos.
Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence; antes glorifique a Dios por ello.
¿Cómo seremos buenos administradores de la multiforme gracia de Dios?
Verso 11. “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios.
Primero comienza por nosotros.
¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?
Y si el justo con dificultad es salvo; ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?
El fin de todas las cosas se acerca.
Seamos sobrios, y velemos en oración.
Y sobre todo, tengan entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.
1 Pedro 5
¿Qué instrucciones y que advertencia se da a los ancianos y a los jóvenes de la casa del Señor?
¿Por qué debemos revestirnos de humildad?
Versos 10-11. “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
Oremos.
Señor perfecciónanos, afírmanos, fortalécenos y establécenos en ti.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Para: La salvación que está lista para ser manifestada en el tiempo postrero.
Para renacer.
Para obedecer.
Para ser rociados con la sangre de Jesucristo.
Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, es decir, una herencia que no puede contaminarse, ni marchitarse: una herencia inconmovible.
Cristo, la Palabra de Dios, es nuestra herencia.
Por eso somos elegidos para una esperanza viva.
Porque somos elegidos, la meta de nuestra fe es la salud, la salvación de nuestras almas.
Renacidos.
No de una semilla corruptible, terrenal, perecedera.
Renacidos de una semilla incorruptible, por la palabra del Dios viviente, que permanece para siempre.
Renacidos en Cristo Jesús, el verbo de Dios, la simiente santa.
Tengamos esto presente:
Es la voluntad de Dios que la Gracia y la Paz nos sean multiplicadas.
También es necesario que nuestra fe sea probada y tengamos que ser afligidos en diversas pruebas.
Porque nuestra fe es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego.
Nuestra fe es inconmovible, imperecedera.
La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir.
Nuestra fe, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca.
El Padre es Santo.
Así también nosotros debemos ser santos en toda nuestra manera de vivir.
Tenemos que ser hijos obedientes, y no convivir con los deseos que antes teníamos estando en nuestra ignorancia.
Porque fuimos rescatados de nuestras vanidades, de conversaciones perecederas y terrenales, para aprender una nueva forma de hablar, conforme a la Palabra.
El Padre juzga según la obra de cada uno.
Por eso debemos conducirnos en temor todo el tiempo de nuestra peregrinación.
El Padre purifica nuestras almas por la obediencia a la verdad, por el Espíritu.
Observemos que:
Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a nosotros inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, que nos ha sido entregada, y que los ángeles también anhelan mirar.
¿Somos agradecidos ante tan grande privilegio?
En consecuencia de este grande amor:
Tenemos que ceñir con templanza los lomos de nuestro entendimiento bíblico.
Ceñir nuestro entendimiento para la acción.
Ser sobrios en espíritu.
Poner nuestra esperanza completamente en la gracia que se nos traerá en la revelación de Jesucristo.
1 Pedro 2
Desechar toda malicia. Todo engaño.
Toda hipocresía, envidia, y maledicencia.
Es decir, desechar todo lo que no proviene de la Palabra.
Desear la Palabra.
Así como los niños recién nacidos desean la leche.
Así debemos desear la Palabra no adulterada.
La Palabra nos hizo renacer, también nos hará crecer.
La Palabra nos convirtió en sacerdotes, en nación santa, en pueblo adquirido; para que prediquemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.
Cristo, la Palabra, es la piedra viva.
Cristo la Palabra, ha sido desechado ciertamente por los hombres.
La Palabra ha sido Piedra de tropiezo, y roca de escándalo a los que tropiezan en ella, siendo desobedientes, para lo cual fueron también ordenados.
Pero Cristo es escogido y precioso para Dios.
Nosotros al igual que El, somos piedras vivas.
Somos edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.
Abstengámonos.
De las concupiscencias carnales que batallan contra el alma.
Notemos las diferencias que marca el capítulo entre los desobedientes y los obedientes a la Palabra.
Oremos.
Señor quita nuestra ignorancia y nuestros deseos carnales para ser hijos obedientes.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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NO se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibirán mayor condenación.
¿Por qué causa?
Porque no tenemos control de la lengua.
Cuando nuestro corazón no está sometido a la Palabra, entonces, ofendemos muchas veces. Esto nos pasa a todos.
Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
Ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
Es decir: si controlas tu lengua, significa que tienes la capacidad de dominar todos tus actos.
El control de la lengua para ponerla al servicio de la mente de Cristo viene por la obediencia a la Palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo.
Para que la mente de Cristo actúe en nosotros tenemos que entender la sabiduría de lo alto.
Sólo aquellos que tienen los frutos de la sabiduría de lo alto pueden ser maestros.
La lengua es el freno y el timón del cuerpo.
La lengua habla lo qué hay en tu corazón.
¿Cómo actúa en ti?
¿Se comporta como un fuego, un mundo de maldad?
¿Tu lengua está puesta en tus miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno?
¿Tu lengua está llena de veneno mortal?
¿O tu lengua está anclada en la Palabra de Cristo y produce los frutos del espíritu?
Observemos esta contraposición.
La sabiduría de la Palabra:
Produce los frutos de la Palabra.
Genera más y más entendimiento de la Palabra.
Es pura.
Es pacífica.
Es amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos.
Es certera, no tiene incertidumbre.
No tiene hipocresía.
Da frutos de justicia.
Se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.
La sabiduría terrenal:
Es animal.
Es diabólica.
Genera celos amargos.
Trae contienda de corazón.
Produce perturbación y toda obra perversa.
Es mentira.
Se jacta contra la Palabra.
Aparenta dar agua dulce, pero su fin es amargo.
Consideremos también estos textos:
Mateo 7:16-20 y 15:10-20.
¿Qué relación tienen con las enseñanzas de este capítulo?
Reflexionemos.
¿Está lleno nuestro corazón de la Palabra?
¿Somos una fuente que salta para vida eterna, o estamos llenos de contiendas y celos amargos?
Entendamos que esto contamina al cuerpo de Cristo.
Hacer frutos dignos de arrepentimiento implica entendimiento, obediencia y sumisión a la Palabra.
Santiago 4
El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente.
Fuimos hechos para amar al Señor y su Palabra.
No podemos amar lo que ama el mundo.
No podemos tener amistad con el mundo.
Las advertencias y las consecuencias de no amar la Palabra.
Amar el mundo.
Guerras y pleitos.
Pasiones que combaten en nuestros miembros.
Codiciar, matar y arder de envidia.
Combatir y luchar por no tener lo que deseamos.
Soberbia y altivez de corazón: amar la sabiduría humana por encima de la sabiduría bíblica.
Orar y no obtener lo que pedimos porque pedimos mal, para gastar en nuestros deleites terrenales.
Adulterio espiritual contra el Señor.
Enemistad contra Dios.
Caer en las garras del enemigo.
Nunca olvidemos esto.
Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
La solución para vencer la soberbia.
Acercarnos y someternos a la Palabra de Dios.
Resistir la tentación de amar el mundo y su sabiduría terrenal.
Resistir al diablo.
Abandonar el doble ánimo, purificar nuestros corazones y limpiar nuestras manos de amor por el mundo y su sabiduría terrenal.
Afligirnos y arrepentirnos, lamentar, y llorar.
Nuestra risa se convierta en lloro, y nuestro gozo en tristeza.
Humillarnos delante del Señor.
Santiago 5
Aquel que ha amado la sabiduría de este mundo y está rico en argumentos no bíblicos:
Tendrá que llorar y aullar por las miserias que le vendrán.
Su sabiduría terrenal está podrida.
Aquello con lo que se cubre, sus ropas espirituales, están comidas de polilla.
Lo que valora, su oro y plata está enmohecido, no sirve.
Su moho testificará contra el mismo, y devorará del todo su propia carne como fuego.
Se ha deleitado sobre la tierra, y sido disoluto; ha engordado su corazón como en día de matanza.
Ha condenado y dado muerte al justo.
De nada le servirá haber acumulado tesoros para los días postreros.
Tengamos muy presente que el Señor nos advierte esto a nosotros y que no se está refiriendo a lo material, sino a lo que vive en el alma y es contrario a la Palabra de Dios: nuestros propios pensamientos.
¿Se ha extraviado alguien de la verdad por amar la sabiduría terrenal?
El que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.
Sólo puede regresar del camino de error, amando, leyendo, entendiendo y obedeciendo la Palabra de Dios.
Oremos.
Señor ayúdanos a controlar la lengua con la sabiduría de tu Palabra.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Observemos la fe y su relación con la obediencia y el entendimiento de la Palabra de Dios:
Es una certeza de la cual se espera su cumplimiento.
Es una convicción que no se ve.
Por ella se alcanza buen testimonio.
Por ella se entiende que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía.
Por ella se alcanza testimonio de ser justo.
Por ella somos traspuestos para no ver muerte.
Por ella agradamos a Dios.
Por ella somos advertidos por Dios acerca de cosas que aún no se ven.
Por ella trabajamos con temor en la salvación de nuestra casa.
Por ella condenamos al mundo, y somos hechos herederos de la justicia.
Por ella obedecemos para salir al lugar que hemos de recibir como herencia; y salimos sin saber a dónde vamos.
Por ella habitamos como extranjeros en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con los coherederos de la misma promesa.
Por ella esperamos la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por ella, siendo estériles, recibimos fuerza para concebir; y dar a luz aun fuera del tiempo, porque creemos que es fiel quien lo ha prometido.
Por ella, al ser probados, obedecemos. Pensando que Dios es poderoso, para levantar aún de entre los muertos, a nuestra descendencia.
Por ella bendecimos a nuestros hijos respecto a cosas venideras, adoramos a Dios y damos mandamientos sobre nuestros huesos.
Por ella no tememos el decreto del rey.
Por ella, rehusamos llamarnos como los hijos de este mundo, escogiendo antes ser maltratados con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado.
Por ella tenemos por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de este mundo y ponemos la mirada en el galardón. Por ella dejamos las cosas de este mundo y no tememos la ira de sus gobernantes; porque nos sostenemos viendo al Invisible.
Por ella celebramos nuestra pascua que es Cristo y su sangre derramada por nosotros, la cual nos protege de la muerte eterna.
Por ella atravesamos mares, caen muros, y no perecemos con los desobedientes, conquistamos reinos, hacemos justicia, alcanzamos promesas, tapamos bocas de leones, apagamos fuegos impetuosos, evitamos filo de espada, sacamos fuerzas de debilidad, nos hacemos fuertes en batallas, ponemos en fuga ejércitos extranjeros, recibimos nuestros muertos mediante resurrección, experimentamos vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles, somos apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; andamos de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; erramos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
Sabemos que todos los mencionados, aunque alcanzaron buen testimonio, no recibieron lo prometido, en su vida terrenal.
¿Ha provisto Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros?
Hebreos 12
Todos los mencionados en el capítulo 11, son una gran nube de testigos alrededor nuestro.
Por lo tanto debemos poner los ojos en Jesucristo y despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia, y correr con paciencia la carrera que tenemos por delante.
Observemos atentamente cada advertencia en relación con la disciplina.
¿Para qué usa el Señor la disciplina en nuestra vida?
¿Desechó el pueblo de Dios la palabra?
En realidad, no la tomaron como proveniente de Dios.
Ellos la tomaron como palabra de Moisés, y la consideraron como algo terrenal.
¿Hemos recibido un reino terrenal o un reino inconmovible?
¿Consideramos la Palabra como algo proveniente de hombres?
¿Tenemos en la Palabra mandamientos terrenales o mandamientos eternos?
No rechacemos la Palabra.
No menospreciemos la escritura.
Porque si aquéllos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo.
Aún, una vez más, indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles.
Mateo 24:35. «El cielo y la tierra pasarán, más mis palabras no pasarán.»
Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gracia, por la cual sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.
Porque nuestro Dios es fuego consumidor.
Hebreos 13
Revisemos todas las instrucciones y mandamientos de este capítulo, su relación con guardar el testimonio de Cristo y la Palabra.
El Señor nos ruega que recibamos la Palabra de exhortación que nos ha escrito.
Oremos.
Señor haznos aptos en toda obra buena. Queremos hacer tu voluntad.
Gracias Señor por el libro de Hebreos, siémbralo en nuestro corazón para que dé frutos de justicia.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Observemos el punto central de lo que se viene diciendo.
Cristo es el ministro del santuario, el verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.
El aspecto inconmovible y eterno, trascendente del sacerdocio de Cristo.
El sacerdocio terrenal, el cual sirve las ofrendas que son figura y sombra de las cosas celestiales.
¿Qué nos recuerda el Señor en el verso 9 sobre la desobediencia de su pueblo?
¿En qué forma será grabada la Palabra del Señor en el nuevo pacto?
Versos 10-12. “Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”.
Hebreos 9
Resaltemos las diferencias entre el primer pacto y el nuevo pacto:
El primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.
La disposición del tabernáculo era una figura y un símbolo para el tiempo presente.
Cristo es el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación.
Los sacerdotes del antiguo pacto ofrecían sacrificios terrenales. Cristo se ofreció a sí mismo, mediante el espíritu eterno, como sacrificio, sin mancha.
El sacerdote debía entrar permanentemente al lugar santísimo. Cristo entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, y obtuvo eterna redención.
La sangre de ofrendas y sacrificios ofrecidas en el antiguo pacto, no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto.
El sacerdote ofrecía sangre ajena. Cristo ofreció su propia sangre, la cual puede limpiar nuestras conciencias de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo.
La segunda venida de Cristo será en relación con el pecado. Verso 27-28.
Observemos esto: La sangre de Cristo, (el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios) limpiará nuestras conciencias de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo.
Hebreos 10
¿Eran los ritos de la ley una sombra de los bienes venideros, o la imagen misma de las cosas?
El nuevo pacto: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
Considerando nuestro gran sumo sacerdote y la libertad que tenemos para entrar al lugar santísimo, ¿cuáles son las exhortaciones que nos hace el Señor? Versos 22-39.
¿Qué castigo merecerá?
Aquel que pisotee al Hijo de Dios, y tenga por inmunda la sangre del pacto en el cual fue santificado, y haga afrenta al Espíritu de gracia.
¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
Tengamos paciencia, la Palabra se cumplirá.
Es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengamos la promesa.
El Señor vendrá, y no tardará.
Nosotros debemos vivir por fe; esperando el cumplimiento de la Palabra y siendo obedientes.
No podemos volver atrás, eso no agrada al Señor.
Nunca lo olvidemos: nosotros no fuimos escogidos para retroceder, ni para perdición.
Fuimos escogidos para tener fe, para preservación del alma.
Oremos.
Padre, ayúdanos a vivir por fe, como herederos de tus promesas.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez
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Porque tenemos la promesa de entrar en su reposo, pero parece que algunos de nosotros no han alcanzado esa promesa.
Observemos las causas:
Porque oyeron la Palabra sin fe.
Porque oyeron la Palabra y no la obedecieron.
Por oír la Palabra con dureza de corazón.
Meditemos en este texto.
Versos 12-13. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”
Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.
De modo que el reposo bíblico, significa dejar de hacer lo que pensamos, creemos o tradicionalmente entendemos, para oír la Palabra con fe, arrepentirnos de nuestras malas obras y obedecerla.
Por lo tanto, sólo entrarán en el reposo los que entiendan y sean obedientes a la Palabra.
Seremos tentados a desobedecer y salirnos del reposo de Dios.
Tentados para desobedecer la Palabra, endurecer nuestro corazón y caminar en obras humanas.
Pero, tenemos un sumo sacerdote que se puede compadecer de nuestras debilidades, porque, fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Acerquémonos a Él confiadamente.
Hebreos 5
Lo que hizo Cristo ante la tentación de desobedecer.
Rogó y suplicó con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte.
Observemos también que por eso fue oído, porque lo hizo con temor reverente.
Preguntémonos algo importantísimo.
¿Qué método uso el Padre para perfeccionar a Cristo y enseñarle la obediencia?
El Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.
¿Tenemos nosotros una expectativa cónsona con esta verdad?
No podemos aprender a obedecer sin experimentar el padecimiento bíblico, tal como el de Cristo, que padeció por obedecer la Palabra.
Observemos los versos 11-14.
Reflexionemos en la relación que existe entre enseñar la Palabra, la madurez, el conocimiento, y la obediencia a la Palabra.
Sólo obedeciendo la Palabra, entenderemos y alcanzaremos la madurez espiritual. Sólo así tendremos el discernimiento entre el bien y el mal.
El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
De modo que, sólo pueden enseñar la Palabra, aquellos que son maduros por la obediencia a la Palabra.
Hebreos 6
Los rudimentos de la doctrina de Cristo.
El fundamento del arrepentimiento de obras muertas.
La fe en Dios.
La doctrina de bautismos.
La doctrina de la imposición de manos.
La doctrina de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
Necesitamos superarlos para seguir hacia la perfección.
No serán renovados para arrepentimiento.
Los desobedientes que se apartan de la gracia.
Los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial.
Los que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo.
Aquellos que gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero.
Los que permiten que su corazón produzca espinos y abrojos.
Los reprobados en cuanto a la fe.
No pueden crucificar de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponerle a vituperio.
Cada uno de nosotros debe mostrar obediencia hasta el fin, para plena certeza de la esperanza.
Seamos diligentes en obedecer la Palabra.
No seamos perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
Escudriñemos este tema.
¿Cuáles son las dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta?
Hebreos 7
Las características inmutables del sacerdocio de Cristo.
Él puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.
Vive por siempre para interceder por ellos.
Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos.
No tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
Fue constituido por la palabra del juramento de Dios, quien no cambia y no miente.
Es perfecto para siempre.
Hagamos está precisión.
¿Qué diferencia existe entre el sacerdocio de Cristo y el sacerdocio de débiles hombres?
Oremos.
Padre, clamamos ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro y así no caer en la tentación de desobedecer tu Palabra.
Mirdza Astrid Silva de Rivera
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