2 Corintios 5-7

Día 331. Libro 47.

2 Corintios 5

  1. El reino inconmovible.
  2. Consiste en fe, no en las cosas visibles.
  3. Se basa en el amor de Cristo: el que murió y resucitó por todos.
  4. No consiste en apariencias sino en el corazón.
  5. Recordemos que no debemos poner la mira en las cosas que se ven, sino a las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, más las que no se ven son eternas, como dice 2 Corintios 4:18, y tengamos presente también lo que dice Hebreos 12:28 sobre nuestro reino inconmovible.
  • Cristo.
  • Por todos murió y resucitó.
  • Dios, a través de Cristo, ha reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.
  • A Cristo, quien no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
  • En Cristo.
  • Dios nos reconcilió consigo mismo en El.
  • Somos creados nuevamente, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
  • Somos templo del Espíritu y tenemos una habitación celestial en Dios, un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.
  • Andamos por fe, no por vista.
  • Conocemos el temor del Señor.
  • Procuramos ser agradables a Dios.
  • Ya no vivimos para nosotros mismos, sino para aquel que murió y resucitó por nosotros.
  • No tenemos necesidad de recomendaciones, ni de recomendarnos a nosotros mismos. Nuestras propias vidas son cartas escritas por Dios.
  • Ahora, a nadie conocemos según la carne.
  • A Cristo ya no lo conocemos según la carne, ahora lo conocemos por medio del Espíritu, a través de la Palabra.
  • El amor de Cristo nos apremia (nos controla), habiendo llegado a esta conclusión: que El murió por todos, y por consiguiente, todos morimos.
  • Nos ha sido encargada la palabra de la reconciliación.
  • Somos embajadores en nombre de Cristo.
  • Todos nosotros compareceremos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
  • Está es la Palabra de la reconciliación.
  • Esta es la Palabra de fe que predicamos.
  • Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres.
  • Les rogamos en nombre de Cristo: reconcíliense con Dios.
  • Romanos 3:24-26. “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.”
  • ¿Por qué causa no tememos a la muerte?
  • Porque lo mortal será absorbido por la vida.
  • No olvidemos que, el que nos hizo para esto mismo es Dios, el cual también nos ha dado las arras del Espíritu.
  • Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
  • Para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, ya sea bueno o sea malo. Verso 10.

2 Corintios 6

  1. No reciban en vano la gracia de Dios.
  2. Hoy es el tiempo aceptable, hoy es el día de salvación.
  3. Tengan cuidado de no rechazar a Aquél que habla.
  4. Hebreos 12:25. “…Porque si aquéllos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de Aquél que nos amonesta desde el cielo.”
  • “No demos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado.” 1 Corintios 10:32-33.
  • Observemos las señales de Cristo en los ministros de Dios.
  • Mucha paciencia.
  • Tribulaciones.
  • Azotes, cárceles, tumultos.
  • Trabajo en la predicación del reino.
  • Desvelos.
  • Pureza.
  • Ciencia.
  • Longanimidad, bondad.
  • Su caminar en el Espíritu Santo.
  • Su amor sincero.
  • Su palabra de verdad.
  • La manifestación del poder de Dios en su vida.
  • Sus armas de justicia.
  • Su honra y su deshonra, su mala fama y su buena fama.
  • Su fama de engañadores y su veracidad.
  • El ser unos desconocidos, pero bien conocidos para Dios.
  • Andar como moribundos, pero vivos.
  • Ser castigados, mas no muertos.
  • Estar entristecidos, más siempre gozosos.
  • Ser pobres, y enriquecer a muchos.
  • No tener nada, más poseerlo todo.
  • Dice el Señor Dios todopoderoso.
  • Ustedes son templo del Dios viviente.
  • No se pueden unir en yugo desigual con los incrédulos.
  • No hay compañerismo entre la justicia y la injusticia.
  • No hay comunión de la luz con las tinieblas.
  • Cristo no concordia con el diablo.
  • No hay unión entre el cristiano y el incrédulo.
  • No hay acuerdos entre el templo de Dios y los ídolos.
  • Salgan de en medio de ellos.
  • Apártense, dice el Señor.
  • No toquen lo inmundo.
  • Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas.
  • El corazón de Cristo se ha ensanchado para recibirnos.
  • Así que no debemos estar estrechos en nosotros.
  • ¿Estamos estrechos en nuestras propias entrañas?
  • Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos hablo), ensánchense también ustedes, dice Cristo.
  • Ensanchemos nuestra mente y nuestro corazón para poder entender la Palabra y amar al Señor como Él nos ha amado.

2 Corintios 7

  1. Ya que tenemos la promesa del amor y la salvación en Cristo, perfeccionemos la santidad en el temor de Dios.
  2. Porque tenemos esto, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu.
  3. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; más la tristeza del mundo produce muerte.
  4. Revisemos también: 2Crónicas 19:9; Salmos 19:9; Proverbios 8:13, 16:6; Hechos 9:31; Hebreos 12:28.
  • La Palabra del Señor.
  • Debemos recibirla con temor y temblor.
  • Consuela a los humildes.
  • Nos contrista para arrepentimiento y según Dios, para que ninguna pérdida padezcamos, y para salvación.

Oremos.

  • Señor recibe nuestro amor, nuestro llanto, nuestra solicitud por ti. Regocíjate con nosotros.
  • Haznos obedientes y crea en nosotros espíritu de temor por ti.
  • Ensancha nuestra mente y nuestro corazón para poder entender la Palabra y amarte, como tú nos has amado.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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