Daniel 4-6

Día 257. Libro 27.

Daniel 4

  1. Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.
  2. ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas!
  3. Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación.
  4. Esto me conviene porque ese es el propósito de mi vida.
  • Acepta mi consejo:
  • Tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.
  • ¿Hemos restituido al agraviado?
  • La sentencia.
  • El reino ha sido quitado de ti.
  • De entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti.
  • Observemos cómo el pecado conlleva a la locura.
  • El objetivo de la sentencia.
  • Verso 17.  «…para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres».
  • ¿Hemos entendido esto? Nabucodonosor no lo entendió.  Aun cuando el Señor se lo advirtió y Daniel interpretó la visión, Nabucodonosor fue soberbio y duro de corazón, por lo tanto la sentencia se cumplió sobre él.
  • En lugar de asumirlo, se mantuvo en la senda de la soberbia y no redimió sus pecados, no hizo misericordia con los oprimidos y no reconoció que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, sino que dijo: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?»
  • La magnífica misericordia del Señor.
  • Le fue devuelta la razón a Nabucodonosor.
  • Pudo reconocer que: Él andaba caminando en la senda de la soberbia.
  • El dominio del Señor es sempiterno, y su reino por todas las edades.
  • Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada.
  • El hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra.
  • No hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
  • Conclusión.
  • Sigamos el consejo, la Palabra.
  • Hagamos misericordias con los oprimidos.
  • Tengamos temor del Altísimo reconociendo que Él gobierna el reino de los hombres y a quien Él quiere lo da.
  • Todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede a los que andan con soberbia.

Daniel 5

  1. No pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación.
  2. Nunca la razón humana podrá interpretar la escritura acertadamente.
  3. Sólo Dios revela su Palabra.
  • Nuestra responsabilidad.
  • Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación.
  • Tal como profetizó Jeremías, vemos el cumplimiento de la profecía contra Babilonia.
  • Jeremías 51:39. «En medio de su calor les pondré banquetes, y haré que se embriaguen, para que se alegren, y duerman eterno sueño y no despierten, dice Jehová.»
  • El último verso de este capítulo nos dice cuál fue el fin de Belsasar: «La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos».
  • El pecado de Belsasar.
  • Orgullo, soberbia y altivez.
  • No arrepentirse, aun cuando fue advertido.
  • Observemos que usó los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas.
  • Estos utensilios estaban santificados para el servicio de la casa de Dios en Jerusalén y no podían ser dedicados a ningún otro uso.
  • No podemos mezclar lo consagrado al Señor con la idolatría a dioses paganos.
  • Pensaba «comprar» con dones materiales las revelaciones que el Señor daba a Daniel.
  • Por eso, Daniel le dijo: «Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros.”
  • No honró al Señor quien es digno de toda honra y gloria y quien le dio la vida y lo puso como heredero del trono.
  • No reconoció, ni honró al Dios en cuya mano estaba su vida y sus caminos.
  • En lugar de reconocer y alabar al Todopoderoso, dio alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben.
  • Daniel tenía claro que El Altísimo Dios, había dado a Nabucodonosor el reino y la grandeza, la gloria y la majestad.
  • Le recuerda a Belsasar que su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, y que por eso fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria.
  • Esta Palabra evidentemente tenía doble filo, por eso finalmente le dice: «Y tú, Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto».
  • ¿Nos sucede lo mismo?
  • Observemos esto.
  • Aun cuando Daniel había sido constituido jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos, no evitó el reprender y exhortar al rey.
  • Siendo judío y cautivo, logró mantenerse apegado a la Palabra de Dios, al punto de ser reconocido como aquel en el cual habitaba el espíritu de los dioses santos, con luz, entendimiento y mayor sabiduría, y fue hallado en él, mayor espíritu y ciencia, para interpretar sueños, descifrar enigmas y resolver dudas y dificultades.
  • Todo este reconocimiento y posición no fueron un impedimento para exhortar al rey y darle la Palabra de Jehová en su justa medida.
  • Daniel comprendió que esa era su responsabilidad.

Daniel 6

  1. Veamos ahora a Daniel como uno de los tres gobernadores del reino, por encima de 120 sátrapas.
  2. Verso 28.  “Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa.”
  • Una reflexión.
  • ¿Es nuestro testimonio puro y limpio en relación con nuestra obediencia a la Palabra, al punto que nuestros enemigos, no pueden hallar ocasión para acusarnos?
  • El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.
  • Aunque caminemos entre leones vivos, esta debe ser nuestra confianza.
  • Nuestro Dios puede enviar a su ángel, el cual cerrará la boca de los leones, para que no nos hagan daño y si no lo envía, tampoco podemos dejar de servirlo y obedecerlo.
  • ¡Aleluya!!!
  • Él es el Dios viviente que permanece por la eternidad, y su reino no será destruido, y su señorío permanecerá hasta el fin.
  • El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra.

Oremos

  • Señor nos humillamos ante tu Palabra.
  • Quita la soberbia de nuestro corazón.
  • Danos arrepentimiento y mansedumbre ante tu ley. Perdónanos, Señor.
  • Hagamos frutos dignos de arrepentimiento.

Mirdza Astrid Silva de Rivera

Raúl Vicente Rivera Ramírez

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