Isaías 48-51

Día 216. Libro 23.

Isaías 48

  1. Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel.
    • Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.
    • Versos 18-19. “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar. Fuera como la arena tu descendencia, y los renuevos de tus entrañas como los granos de arena; nunca su nombre sería cortado, ni raído de mi presencia.”
  2. Ciertamente.
    • No se abrió antes tu oído; porque sabía que siendo desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre.
    • Reflexionemos en esto. Es una palabra para su pueblo.

Isaías 49

  1. Nuestro amado mesías. La misión del Siervo de Jehová.
    • Él es el menospreciado de alma, el abominado de las naciones.
    • Levantará las tribus de Jacob.
    • Restaurará el remanente de Israel.
    • Será luz de las naciones.
    • Será salvación hasta lo postrero de la tierra.
  2. Palabra de Dios.
    • En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo.
    • ¿Para qué?
    • Para que restaures la tierra.
    • Para que heredes asoladas heredades.
    • Para que digas a los presos: Salid, y a los que están en tinieblas: Mostraos.
    • Versos 15-16. “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.”
  3. Yo pelearé tu pleito.
    • Versos 25-26. “Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos. Y a los que te despojaron haré comer sus propias carnes, y con su sangre serán embriagados como con vino; y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.”

Isaías 50

  1. El pueblo de Dios no entiende la causa de su cautiverio ni se arrepiente.
    • Jeremías 3:8. “Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó.”
  2. ¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir?
    • ¿No hay en mí poder para librar?
    • Cristo el mesías. Versos 7-9. “Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese a mí. He aquí que Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que me condene? (…)”
  3. Clamemos al Señor para que se cumpla esta Palabra en nosotros.
    • Versos 4-5. “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.”
  4. ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo?
    • Verso 10. “El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.”

Isaías 51

  1. El pueblo que tiene en su corazón la ley del Señor.
    • Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová.
    • Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía.
    • Oídme, los que conocéis justicia
    • Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén.
  2. Yo, yo soy vuestro consolador.
    • ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?
  3. La profecía.
    • Asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada para el pueblo de Dios. Pero ¿qué hizo el pueblo de Dios?
    • Jeremías 5:11-12. “Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová. Negaron a Jehová, y dijeron: Él no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre.”

Oremos
• Confesamos nuestro pecado y volvemos nuestro corazón a tu Palabra.
• Perdónanos Señor.

Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez

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