Salmos 79-83

Día 173. Libro 19.

Salmos 79

  1. ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre?
    • ¿Arderá como fuego tu celo?
    • Apocalipsis 6:10. “Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”
  2. Perdona a tu pueblo Señor.
    • Joel 2:17. “Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?
    • Daniel 9:19. “Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.”
  3. Sea notoria en las gentes, delante de nuestros ojos, la venganza de la sangre de tus siervos que fue derramada.
    • Romanos 12:19. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”
  4. Llegue delante de ti el gemido de los presos; Conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte.
    • Salmos 102: 19-22. “Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte; para que publique en Sion el nombre de Jehová, Y su alabanza en Jerusalén, cuando los pueblos y los reinos se congreguen En uno para servir a Jehová.”

Salmos 80

  1. ¿Quién ha hecho esto tan terrible?
    • Isaías 42:24-25. “¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley. Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; le puso fuego por todas partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso.”
  2. Oh pastor de Israel escucha.
    • Resplandece y despierta el poder de tu Palabra para restaurarnos y salvarnos.
    • Despierta nuestro oído para escuchar tu ley.

Salmos 81

  1. Oye, pueblo mío, y te amonestaré.
    • El clamor de Dios para su pueblo: «Israel, si me oyeres.»
    • Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.
    • Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos.
    • ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubiera andado Israel!
  2. ¿Nos quejamos de que Dios está airado y no escucha nuestras oraciones?
    • El Señor se queja de que su Pueblo no escucha su Palabra.
  3. Si le hubiéramos escuchado.
    • Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido.
    • Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel de la peña les saciaría.

Salmos 82

  1. La orden.
    • Defended al débil y al huérfano;
    • Haced justicia al afligido y al menesteroso.
    • Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos.
    • Libra a los que son llevados a la muerte.
    • Salva a los que están en peligro de muerte.
  2. No podemos decir que no lo supimos.
    • ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones?
    • El que mira por tu alma, él lo conocerá.
    • Él dará al hombre según sus obras. (Ver Proverbios 24:11-12).

Salmos 83

  1. El enemigo alza cabeza.
    • Se confabula contra el pueblo de Dios astuta y secretamente y ruge. Pretende destruirnos para que no seamos nación y para que no haya mas memoria del cuerpo de Cristo, para heredar las moradas de Dios.
    • Aprendamos a orar para que se arrepientan y busquen la Palabra, pero que si no se arrepienten, sean afrentados y turbados para siempre.
  2. Conozcan que tu nombre es Jehová.
    • No guardes silencio, levántate contra tus enemigos.
    • Llena sus rostros de vergüenza y sepan que solo tú eres Altísimo sobre toda la tierra.

Oremos.
• Oh Pastor de Israel escucha. Resplandece, despierta tu poder. Ven a salvarnos. Restáuranos.
• No calles oh Dios, ni estés quieto. Ponlos como torbellinos, como hojarasca quemada. Persíguelos, atérralos, llena sus rostros de vergüenza para que busquen tu nombre. Sean afrentados y turbados para siempre; sean deshonrados, y perezcan.
• Por la gloria de tu nombre; líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo
• Nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, Te alabaremos para siempre; De generación en generación cantaremos tus alabanzas.

Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez

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