Job 28-30

Día 154. Libro 18.

Job 28

  1. ¿Dónde está la sabiduría y la inteligencia?
    • Verso 28. “Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia.”
    • Deuteronomio 4:5-6. “Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque ésta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta.”
    • Proverbios 8:10-13. “Recibid mi enseñanza, y no plata; Y ciencia antes que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; Y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella. Yo, la sabiduría, habito con la cordura, Y hallo la ciencia de los consejos. El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco.”

Job 29

  1. Job como figura de Cristo.
    • Dios lo guardaba.
    • Dios hacía resplandecer sobre su cabeza su lámpara y caminaba a su luz, en la oscuridad.
    • El favor de Dios velaba sobre su tienda.
    • El Omnipotente estaba con él.
    • Lavaba sus pasos en leche, Y la piedra le derramaba ríos de aceite.
    • Salía a la puerta a juicio, Y en la plaza hacía preparar su asiento.
    • Los jóvenes lo veían, y se escondían; Y los ancianos se levantaban, y estaban de pie.
    • Los príncipes detenían sus palabras; Ponían la mano sobre su boca.
    • La voz de los principales se apagaba, Y su lengua se pegaba a su paladar.
    • Lo llamaban bienaventurado, Y daban buen testimonio de él
    • Libraba al pobre que clamaba, Y al huérfano que carecía de ayudador.
    • La bendición del que se iba a perder venía sobre él, Y al corazón de la viuda daba alegría.
    • Se vestía de justicia; Como manto y diadema era su rectitud.
    • Era ojos al ciego, Y pies al cojo.
    • A los menesterosos era padre, Y de la causa que no entendía, se informaba con diligencia.
    • Quebrantaba los colmillos del inicuo, Y de sus dientes hacía soltar la presa.
    • Su raíz estaba abierta junto a las aguas, Y en sus ramas permanecía el rocío.
    • Su arco se fortalecía en su mano.
    • Lo oían, y esperaban, Y callaban a su consejo.
    • Tras su palabra no replicaban, Y su razón destilaba sobre ellos.
    • Lo esperaban como a la lluvia, Y abrían su boca como a la lluvia tardía.
    • No abatían la luz de su rostro.
    • Calificaba el camino de ellos, y se sentaba entre ellos como el jefe; Y moraba como rey en el ejército, Como el que consuela a los que lloran.

Job 30

  1. Los espíritus de la oscuridad.
    • No tienen fuerza alguna.
    • Por causa de la pobreza y del hambre andan solos. Huyen a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto.
    • Arrojados de entre las gentes, Y todos le gritan como tras el ladrón.
    • Habitan en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra, y en las rocas.
    • Braman entre las matas, Y se reúnen debajo de los espinos.
    • Hijos de viles, y hombres sin nombre, Más bajos que la misma tierra.
  2. El padecimiento de Job como profecía del vituperio de nuestro Señor Jesucristo.
    • Fue objeto de burla, y de refrán.
    • Lo abominaron, y aun de su rostro no detuvieron su saliva.
    • Dios lo afligió, por eso se desenfrenaron delante de su rostro.
    • Se levantó el populacho; lo empujaron, y prepararon contra él caminos de perdición.
    • Su senda desbarataron, se aprovecharon de su quebrantamiento, y no hubo ayudador.
    • Se revolvieron sobre su calamidad.
    • Fue turbado; combatieron como viento su honor, Y su prosperidad pasó como nube.
    • Sintió que su alma se derramada en él; y días de aflicción se apoderaban de él.
    • La noche taladraba sus huesos, y los dolores que lo roían no reposaban.
    • Una gran fuerza deformó su vestidura y lo apretaba.
    • Dios lo derribó en el lodo, y fue semejante al polvo y a la ceniza.
    • Clamó a Dios y no lo oyó.
    • Dios se volvió cruel para él.
    • Fue conducido a la muerte.
    • Se compadeció y lloró por el afligido y el menesteroso.
    • Días de aflicción lo sobrecogieron.

Oremos
• Padre te mereces la gloria y la honra por tu infinita misericordia en Cristo Jesús.
• Haznos comprender su sacrificio, su vituperio y su padecimiento.
• Perdónanos porque no correspondemos en santidad y amor, conforme a la grandeza de su muerte.
• Perdona a tu pueblo Señor.

Mirdza Astrid Silva de Rivera
Raúl Vicente Rivera Ramírez

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